Después de meses de negociaciones y de una postergación estratégica para evitar una derrota, La Libertad Avanza decidió avanzar con una versión modificada de la reforma laboral. En el entorno de Javier Milei aseguran que esta vez los números están garantizados y que el proyecto obtendrá la media sanción en el Senado. El objetivo no es solo técnico: el oficialismo necesita mostrar que puede convertir su agenda en ley.
Las últimas horas fueron decisivas. El ministro del Interior, Diego Santilli, mantuvo reuniones con el gobernador de Chaco, Leandro Zdero, y con la senadora misionera Sonia Rojas Decut, cercana a Hugo Passalacqua. En paralelo, Patricia Bullrich, al frente del bloque oficialista en la Cámara Alta, terminó de cerrar las modificaciones con la UCR y el PRO. La eliminación de la baja del impuesto a las Ganancias para empresas fue el gesto más visible hacia las provincias, preocupadas por el impacto en la recaudación.
En la Casa Rosada admiten que la poda fue profunda: 28 artículos modificados o eliminados. El discurso oficial habla de “consensos responsables”, aunque en algunas gobernaciones deslizan que el Ejecutivo utilizó la presión fiscal como argumento para retirar un beneficio que también comprometía el superávit. La tensión entre disciplina fiscal y construcción política quedó expuesta en cada negociación.
Mientras tanto, la CGT y las dos CTA convocaron a movilizar contra la reforma, pese a que el texto final incorporó cambios favorables al sindicalismo. El Gobierno defiende la iniciativa como una herramienta para reducir la informalidad —que alcanza a la mitad de los trabajadores— y dinamizar la creación de empleo. En el Congreso seguirán la sesión funcionarios como Ignacio Devitt y Eduardo “Lule” Menem, y no se descarta la presencia de Karina Milei o Manuel Adorni.
El escenario en Diputados será más complejo. Allí los números son más ajustados y los acuerdos todavía no están completamente cerrados, más allá de contactos con el bloque que conduce Cristian Ritondo. Por eso, Milei decidió extender las sesiones extraordinarias hasta el 28 de febrero, una señal preventiva ante eventuales demoras o cambios en la Cámara Baja.
Más que una discusión técnica sobre indemnizaciones o fondos de cese, la sesión de hoy es una prueba de gobernabilidad. Si el oficialismo consigue la media sanción, consolidará un método: negociar, ceder en puntos sensibles y construir mayoría con la oposición dialoguista. Ese esquema podría repetirse en proyectos clave como el régimen penal juvenil y otras reformas estructurales.
Si, en cambio, el resultado no acompaña, quedará en evidencia que los acuerdos son frágiles y que el poder libertario sigue dependiendo de equilibrios inestables con gobernadores y bloques provinciales. El Senado, una vez más, funcionará como termómetro del margen político real de Javier Milei en un Congreso donde cada voto se negocia artículo por artículo.