Sin anunciar candidatura ni lanzar consignas electorales, Mauricio Macri empezó a mover fichas pensando en 2027. El puntapié inicial será el 5 de marzo en Puerto Madryn, donde participará del Foro PescAR. Desde allí proyecta una recorrida federal para reunirse con intendentes, gobernadores y referentes territoriales, con el objetivo de reactivar al PRO y frenar el goteo de dirigentes hacia otros espacios, en especial hacia La Libertad Avanza.
En el entorno del ex mandatario insisten en que no se trata de una campaña anticipada, sino de fortalecer la estructura interna y recuperar presencia territorial. Sin embargo, el trasfondo político es evidente: el partido amarillo atraviesa cuestionamientos sobre su rumbo estratégico y sobre el liderazgo de Macri, a quien algunos dirigentes le reprochan ambigüedad frente a los hermanos Javier Milei y Karina Milei. El exsenador Federico Pinedo lo resumió semanas atrás: el PRO necesita objetivos claros y conducción convocante.
La discusión no es abstracta. En Diputados, el bloque que conduce Cristian Ritondo empujó modificaciones clave al proyecto de Reforma Penal Juvenil que impulsa el oficialismo. El PRO respaldó fijar la edad de imputabilidad en 14 años -y no en 13 como proponía el Gobierno- argumentando criterios científicos y de infraestructura. La postura buscó mostrarse responsable, diferenciada pero colaborativa, una línea fina que el partido intenta sostener frente a la agenda libertaria.
En paralelo, el Senado debatirá la Reforma Laboral con más de veinte artículos en revisión y concesiones a la CGT. Además, el Gobierno avanzó en el traspaso de competencias de la Justicia Laboral a la Ciudad de Buenos Aires, un gesto hacia la administración porteña que también impacta en el tablero amarillo. El acuerdo prevé que los conflictos individuales pasen a la órbita porteña, mientras que los colectivos y sindicales permanecerán bajo jurisdicción federal, con un cierre progresivo del fuero nacional.
Mientras tanto, puertas adentro del PRO varios dirigentes esperan la convocatoria al consejo partidario para definir una hoja de ruta institucional. La gira federal, por ahora, es una señal política más que un armado cerrado.
La movida de Macri tiene una doble lectura. Hacia afuera, busca reinstalar al PRO como fuerza con identidad propia, capaz de aportar volumen territorial y cuadros técnicos frente al oficialismo libertario. Hacia adentro, intenta ordenar una estructura que perdió dirigentes y protagonismo desde la irrupción de Javier Milei en el poder.
El desafío no es menor: el partido debe definir si será socio estratégico, oposición responsable o alternativa competitiva en 2027. La recorrida federal puede servir para oxigenar la conducción, pero también pondrá a prueba si el liderazgo de Macri aún logra cohesionar a una fuerza que oscila entre la cooperación legislativa y la tentación de diluirse en la ola libertaria.