La presencia de Erik Prince en la República Democrática del Congo (RDC) volvió a colocar en primer plano el papel de las empresas militares privadas en escenarios de alta inestabilidad. Según reportes, el fundador de Blackwater desplegó hombres y drones para apoyar al ejército congoleño en la recuperación de la estratégica ciudad de Uvira, en el este del país, una zona atravesada por décadas de conflicto armado y rivalidades regionales.
El episodio no se limita a un movimiento táctico puntual. Uvira es un punto clave por su proximidad a rutas comerciales y áreas ricas en minerales, en una región donde operan grupos rebeldes como el M23. El control territorial en el este congoleño no solo define equilibrios militares, sino que también incide en la administración de recursos estratégicos con impacto global.
Prince había sido contratado originalmente por el gobierno de Kinshasa para fortalecer la recaudación de ingresos provenientes de la minería, un sector históricamente permeado por contrabando y redes informales. Sin embargo, el despliegue en Uvira marcó la primera participación conocida de su equipo en apoyo directo a operaciones militares en el país.
El apoyo incluyó el uso de drones y coordinación con fuerzas especiales congoleñas, en un contexto donde asesores extranjeros ya brindaban entrenamiento al ejército local. Aunque el contingente se habría retirado tras la operación, la posibilidad de nuevos despliegues deja abierta la puerta a una mayor implicación de actores privados en la dinámica del conflicto.
#DRC: #ERIK_Prince, a former U.S. Navy officer, founded Blackwater in 1997. The company became one of the leading private security providers for U.S. operations in #Iraq and #Afghanistan, providing security for the CIA, the State Department, and the #Pentagon.
— TWIRWANEHO MOISE 🇨🇩 (@TwirwanehoMoise) February 10, 2026
Today, #Blackwater… pic.twitter.com/pIlAFeDt31
El este de la RDC concentra reservas de oro, tantalio, estaño y otros minerales esenciales para cadenas globales de tecnología y defensa. En ese marco, cada avance o retroceso militar adquiere una dimensión geoeconómica. Las acusaciones de apoyo externo a grupos rebeldes y las mediaciones diplomáticas fallidas complejizan aún más el escenario.

La irrupción de Prince en Uvira reactiva un debate estructural: hasta qué punto la externalización de la seguridad puede convertirse en herramienta habitual de los Estados frente a amenazas internas. En un contexto donde los intereses económicos y estratégicos se superponen, la frontera entre apoyo técnico y participación directa en la guerra tiende a volverse difusa.