En 2003, la televisión abierta argentina se animó a correr límites. Disputas llegó a la pantalla de Telefe, producida por Ideas del Sur y dirigida por Israel Adrián Caetano, con una propuesta fuerte, realista y sin concesiones. La miniserie, de apenas 11 episodios, contaba la historia de cuatro mujeres que ejercían la prostitución bajo la tutela de una madama. Cada una cargaba con su propio drama personal, en una trama que mezclaba crudeza social, vínculos de poder y una mirada descarnada sobre la marginalidad.
En el centro estaba Amelia, interpretada por Mirta Busnelli, una exprostituta con años de experiencia que, tras separarse de su pareja, decide recurrir a un antiguo amante para montar su propio prostíbulo. Profesional, pragmática y curtida, era quien organizaba el negocio y contenía a su manera a las chicas.
Entre ellas se destacaba Majo, personaje de Florencia Peña, una licenciada en Turismo de 29 años que sostenía económicamente a su madre y a un marido desocupado sin demasiadas intenciones de trabajar. Su historia exponía el contraste entre formación académica y falta de oportunidades. Soledad, papel de Belén Blanco, era la más enigmática del grupo: reservada, distante y con una personalidad oscura que la diferenciaba del resto.
Gloria, interpretada por Julieta Ortega, era una joven de origen humilde y madre de un niño de 8 años. Su motor era la necesidad de garantizarle un futuro mejor a su hijo. Gala, encarnada por Dolores Fonzi, tenía 24 años, estudiaba kinesiología durante el día y por la noche trabajaba como estríper. Su doble vida marcaba una tensión constante entre aspiraciones profesionales y realidad económica.
“Disputas” no solo llamó la atención por su temática, poco habitual en la televisión abierta de la época, sino también por el tono explícito y la intensidad de algunas escenas. Una de las más recordadas fue la de Flor Peña junto a Damián de Santo, que generó fuerte repercusión en su momento.