Luego de la media sanción en el Senado del proyecto de Reforma Laboral, un antiguo fragmento televisivo volvió a circular con fuerza en redes sociales y plataformas de video. Se trata de un monólogo del emblemático humorista Tato Bores en el que, fiel a su estilo ácido e irónico, analizaba el debate sobre la flexibilización laboral durante la década del 90..
"La reforma no es para bajar el costo argentino, sino para aumentar la ganancia del argentino piola" dice el cómico para luego dar como ejemplo "lo que pasa con los artículos importados: los traen a dos y los venden a treinta y cinco". En otro tramo del video dice "el costo argentino es que todo el mundo se quiere hacer rico en quince minutos, sin arriesgar nada y jodiendo al prójimo".
Luego habla de la queja de un delegado, que opina sobre "una semana de diez dìas hábiles y días de treinta y dos horas y que si te rajan le beses la mano al trompa y le digas ´gracias amo´" El monólogo en cuestión tiene más de treinta años. Fue escrito durante el Gobierno de Carlos Saúl Menem, pero parece escrito hoy.
El registro, rescatado de emisiones de archivo, muestra al comediante desplegando su clásico humor político para cuestionar los argumentos y promesas que acompañaban aquellas reformas. Lo que más llamó la atención de los usuarios no fue solo el tono satírico, sino la sensación de actualidad de sus observaciones, que muchos consideraron extrapolables al presente escenario legislativo.
En cuestión de horas, el video acumuló miles de reproducciones, comentarios y compartidos. En las publicaciones predominó la sorpresa por la vigencia del contenido y la capacidad del humorista para sintetizar, con humor y crítica, discusiones que siguen formando parte de la agenda pública argentina.
La reaparición del material también reavivó el recuerdo de la figura de Bores como uno de los grandes referentes del humor político nacional, capaz de convertir la coyuntura en un espejo mordaz de la realidad. Su estilo, basado en monólogos cargados de ironía y referencias a la actualidad, lo consolidó como una voz singular en la televisión argentina del siglo XX.
Así, en medio de un nuevo debate parlamentario sobre el mundo del trabajo, un video de hace más de treinta años se ganó un lugar en la conversación digital. El genio inmortal de Tato Bores demostró, una vez más, que en la política de nuestro país el “eterno retorno” no es un mito literario de Mircea Eliade.
Fue uno de los humoristas políticos más influyentes de la televisión argentina, reconocido por sus monólogos satíricos cargados de ironía, juegos de palabras y crítica a la dirigencia política. Activo principalmente entre las décadas de 1960 y 1990, construyó un estilo propio basado en el análisis de la actualidad con humor mordaz, smoking, peluca y teléfono en mano como sellos distintivos.
Sus programas semanales se convirtieron en un clásico del entretenimiento y también en un espacio de reflexión social, logrando que varias generaciones asociaran su figura con la sátira inteligente y la capacidad de decir, en clave humorística, lo que muchos pensaban sobre la realidad del país.