El Congreso de Perú programó un debate para evaluar la destitución del presidente José Jeri, en medio de un escándalo que involucra reuniones no divulgadas con un empresario extranjero. La iniciativa fue impulsada por sectores parlamentarios que lograron reunir las firmas necesarias para activar el procedimiento, en un contexto de creciente tensión política. El episodio vuelve a colocar al país andino en el centro de la incertidumbre institucional.
La moción se apoya en acusaciones de falta de transparencia y posibles conflictos de interés. Aunque el mandatario niega irregularidades, la controversia erosiona su margen de maniobra en un Congreso fragmentado y proclive a confrontaciones. Perú arrastra una secuencia prolongada de crisis presidenciales, lo que amplifica el impacto político de cualquier nuevo cuestionamiento.
El proceso parlamentario contempla primero la admisión a debate de la moción y luego una votación en el pleno. Para que prospere la destitución, se requiere una mayoría calificada, lo que obliga a los promotores a construir consensos en un hemiciclo dividido. La correlación de fuerzas será determinante para definir si el intento queda en advertencia política o deriva en un relevo presidencial.
En paralelo, el Ejecutivo intenta contener el daño reputacional y preservar apoyos dentro y fuera del Congreso. El desenlace dependerá tanto de los argumentos jurídicos como de la lectura política que hagan las bancadas sobre el costo de sostener o remover al mandatario en el actual escenario preelectoral.
Cambiando el menú. Compartiendo una hamburguesa americana con el presidente del Perú. pic.twitter.com/7xhgwqRphw
— Embajador Navarro (@USAmbPeru) February 10, 2026
Más allá del resultado inmediato, la sola apertura del debate reaviva percepciones de fragilidad estructural. La reiteración de procesos de destitución en los últimos años consolidó la idea de que el sistema político peruano opera bajo alta volatilidad. Esta dinámica dificulta la planificación de políticas públicas y debilita la confianza de actores económicos y sociales.
Un resbalón y a seguir 💪
— José Jerí (@josejeriore) January 11, 2026
Prohibido rendirse. pic.twitter.com/fKpxk01Wqk
Si la moción prospera, el país enfrentará un nuevo proceso de sucesión en vísperas de elecciones generales, con implicancias sobre gobernabilidad y estabilidad macroeconómica. Si fracasa, Jeri deberá reconstruir legitimidad en un entorno adverso. En cualquiera de los escenarios, el episodio confirma que la política peruana continúa atravesando un ciclo de redefiniciones profundas.