En pleno corazón de Roma, a pocos minutos de la estación Termini, la Basílica de Santa María la Mayor volvió a quedar en el centro de la escena internacional. No solo por su valor histórico y artístico, ni únicamente porque allí descansan los restos del Papa Francisco tras su fallecimiento en abril de 2025, sino por un detalle que simboliza un cambio de época: la instalación de un sistema electrónico para recibir donaciones con tarjeta.
El dispositivo, que muchos definieron como “un cajero automático”, no permite retirar dinero. Se trata en realidad de una terminal digital para aportes voluntarios, que acepta tarjetas de crédito y débito y funciona en varios idiomas para facilitar la colaboración de peregrinos y turistas.
La imagen resulta poderosa: un templo del siglo V, con mosaicos paleocristianos únicos y una fuerte tradición mariana, incorpora tecnología del siglo XXI para sostener su funcionamiento.

Santa María la Mayor es una de las cuatro basílicas papales de Roma y uno de los santuarios más importantes dedicados a la Virgen María. Durante años, fue uno de los lugares preferidos de Francisco, quien solía rezar allí antes y después de cada viaje apostólico. Tras su muerte, el templo se transformó además en sitio de peregrinación permanente.
El flujo constante de visitantes y fieles explica en parte la decisión de modernizar el sistema de limosnas. Las iglesias europeas, especialmente en ciudades turísticas, han visto disminuir el uso de efectivo. La incorporación de pagos electrónicos busca adaptarse a nuevos hábitos financieros sin modificar la esencia religiosa del espacio.

La iniciativa también abrió un debate más amplio. Para algunos, simboliza la necesaria actualización de la Iglesia frente a una sociedad digitalizada. Para otros, la presencia de tecnología financiera dentro de un templo histórico genera incomodidad simbólica.

Sin embargo, desde la administración de la basílica sostienen que el objetivo es simple: facilitar la colaboración para el mantenimiento del edificio, las obras de caridad y la conservación artística. En un lugar donde confluyen historia, fe y ahora memoria contemporánea, al albergar la tumba de Francisco, el pequeño dispositivo electrónico funciona como metáfora de una Iglesia que intenta dialogar con el presente sin desprenderse de su pasado.