La bailarina y coreógrafa Mónica Fracchia pasó por El Living de NewsDigitales en una entrevista donde la emoción y la lucidez profesional marcaron el ritmo. Con una trayectoria que abarca desde los escenarios más prestigiosos hasta el trabajo social en barrios populares, la creadora de la compañía Castadiva compartió su visión del movimiento como una necesidad vital y un motor de cambio constante.
Durante la charla, dejó en claro que su búsqueda artística no se detiene: “Intento no achancharme, no quedarme en lo que hice, no quedarme en lo que fui, lo que hice... siempre trato de reponer y además hacer algo nuevo”.
A diferencia de otros artistas que sienten un llamado temprano, la llegada de Fracchia a la danza fue producto de una necesidad física. Por un problema de pies planos, un traumatólogo le indicó que debía elegir entre natación o danza. Al respecto, recordó: “Yo no es que le pedí a mi mamá llévame a hacer danza... como natación quedaba lejos, ir al club o lo que fuera, enfrente de mi casa había una academia de barrio”.
Tras egresar de la Escuela Nacional de Danzas a los 18 años, sintió un agotamiento que la alejó del escenario durante dos años, tiempo en el que intentó volcarse a la abogacía.
En ese lapso, mientras trabajaba contando dinero en la Casa de Moneda, estudió Derecho inspirada por la serie Perry Mason (1960). Sin embargo, la realidad de la profesión no coincidía con sus ideales. “Cuando me di cuenta que esa fantasía no iba a ser posible, vuelvo a la danza”, explicó sobre su retorno triunfal de la mano de su maestra en Villa Luro.
Poco después, su talento fue descubierto por la mítica Ana María Stekelman, quien la incorporó a su compañía original en 1977 y más tarde al elenco del Teatro San Martín sin realizar audiciones previas: “Ella fue y eligió bailarinas que había visto en el escenario”.
En 1998 nació Castadiva, una compañía que rompió con los moldes estéticos tradicionales de la danza contemporánea. Fracchia recordó con humor una crítica que comparó la fila de sus bailarines con un “electrocardiograma” por la variedad de alturas y contexturas físicas.
Fracchia reivindica la pluralidad de cuerpos y estilos como el motor creativo de su proyecto independiente. Lejos de buscar la uniformidad del ballet clásico, la directora explicó que su prioridad es la funcionalidad del movimiento para el decir de la obra.

Esta apertura también se traduce en un compromiso social genuino. La coreógrafa relató la experiencia de llevar su obra Sudakas a la Villa 31. “Los bailarines estaban muy felices de poder mostrar lo que nosotros hacemos en ese lugar... no íbamos a torturarlas con una clase de ballet o de danza contemporánea. Es algo que sintieran que la danza tiene otro compromiso, donde también puede ser feliz”, reflexionó sobre las clases impartidas en el barrio.
Con los años, Fracchia ha transformado su método de trabajo, dándole prioridad a lo intuitivo sobre lo puramente intelectual. Inspirada por las memorias de sus maestros, comprendió que la rigidez era un obstáculo para el crecimiento de la obra:
“Aprendí a desobedecerme... cuando dejo entrar a la intuición me vuelvo desobediente y no es que tengo que seguir a rajatabla lo que había pensado en un primer momento”.
De cara al futuro, confirmó que en abril de 2026 repondrá “Conversaciones imaginarias con el público” en la sala Área 623. La pieza está basada en un libro del historietista Juanjo Sáez y aborda con ironía los estereotipos sobre los artistas. “Hay un texto que a mí me encanta que dice: ‘Los artistas son gente de mal vivir’. Y eso me compró. Porque la gente que no se ocupa del arte en general piensa que somos gente de mal vivir”, comentó entre risas.
A pesar de los desafíos económicos de la gestión independiente, donde actualmente lucha por conseguir viáticos para sus bailarines, su espíritu guerrero permanece intacto. Para Mónica Fracchia, el arte sigue siendo ese espacio donde “la vida se queda afuera” y solo importa el movimiento. Ante la pregunta sobre su motor cotidiano, respondió con una frase que resume su ambición artística: “Siempre digo, todavía mi mejor obra no la hice”.