Cada 14 de febrero, el Día de San Valentín se asocia a parejas, flores y cenas. Pero hay otro vínculo que no necesita recordatorios ni regalos: el que une a las personas con sus perros y gatos. Es cotidiano, intenso y, sobre todo, incondicional.
Ese lazo no solo tiene valor emocional. La evidencia científica muestra que convivir con animales de compañía ayuda a reducir el estrés (al bajar los niveles de cortisol), estabiliza la presión arterial y mejora el estado de ánimo. También fortalece la sensación de apoyo social y amortigua la soledad. No es poesía: es fisiología.
En Argentina, el 78% de quienes conviven con mascotas las considera parte de la familia, al nivel de un hijo. Ese dato no es menor: impacta en decisiones de consumo, organización del tiempo y vida social.
La expansión de espacios pet-friendly (cafeterías, bares, restaurantes y alojamientos) responde a esa transformación cultural. Además, el 66% de los tutores comparte fotos o videos de sus animales en redes sociales y el 35% sigue cuentas o influencers vinculados al universo mascota. La presencia digital confirma lo que ya ocurre en casa: ocupan un lugar central.
El afecto no se mide solo en caricias. Desde MSD Salud Animal advierten que respetar a una mascota implica priorizar su salud y entender sus necesidades como especie.
En términos prácticos, eso se traduce en medidas básicas pero decisivas:
Son decisiones simples que impactan directamente en la calidad y expectativa de vida.
Perros y gatos adultos mayores atraviesan cambios fisiológicos que pueden afectar su vitalidad. El envejecimiento suele asociarse a menor circulación sanguínea cerebral, menor oxigenación de tejidos y acumulación de sustancias nocivas. El resultado puede ser una merma en la función cognitiva y en la energía general.
Es habitual notar menos interés por el juego, menor respuesta a estímulos o una aparente “desconexión”. No siempre es desinterés: muchas veces es biología. Por eso, el enriquecimiento ambiental y la actividad física adaptada siguen siendo claves. Juego, paseos y rutinas de interacción sostienen la salud mental y emocional.
En perros, existen herramientas terapéuticas específicas (como tratamientos a base de propentofilina, siempre bajo indicación veterinaria) que pueden acompañar esta etapa y favorecer una vida más activa.
El vínculo entre personas y mascotas no necesita fechas especiales para validarse. Se construye en lo cotidiano: en el paseo, en la visita al veterinario, en la decisión de no postergar un control.
Si el amor es incondicional, la respuesta debería ser proporcional. Cuidar su salud, respetar su naturaleza y acompañarlos en cada etapa es, en términos concretos, la forma más honesta de devolver todo lo que dan sin pedir nada a cambio.