En un país donde los primeros ministros cambian con la velocidad de una tormenta política, hay una figura que permanece imperturbable frente a la puerta negra más famosa del Reino Unido. No da discursos, no vota leyes y no concede entrevistas, pero se convirtió en símbolo de continuidad institucional. Su nombre es Larry.
El 15 de febrero de 2011, durante el gobierno de David Cameron, el gato fue adoptado desde un refugio londinense y presentado oficialmente como “Chief Mouser to the Cabinet Office”, el encargado de mantener a raya a los roedores en el complejo de 10 Downing Street.
Desde entonces, Larry fue testigo silencioso de algunos de los momentos más convulsionados de la política británica reciente. Vio el referéndum del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la pandemia de coronavirus y una seguidilla de cambios de liderazgo inédita en la historia moderna del país.

Convivió con Theresa May, Boris Johnson y Rishi Sunak, entre otros. Mientras los gobiernos caían, Larry seguía apostado frente a la puerta, muchas veces interrumpiendo conferencias o robándose la atención de las cámaras durante visitas oficiales.
Aunque su función es práctica, controlar plagas en un edificio histórico, su figura trascendió lo doméstico. En redes sociales se convirtió en un personaje con voz propia, con ironías sobre la actualidad política y comentarios sobre los vaivenes del poder.
La tradición de tener gatos cazadores en edificios gubernamentales británicos se remonta a siglos, pero ninguno alcanzó la notoriedad de Larry. En tiempos de polarización y crisis institucional, el felino terminó encarnando algo inesperado: estabilidad. Quince años después de cruzar por primera vez la puerta del número 10, sigue allí. En un país donde todo cambia, el gato permanece.