17/02/2026 - Edición Nº1106

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Hollywood

¿Todo es Woke? Hollywood, el cine y su cruzada por las minorías

17/02/2026 | En redes sociales, cada dos por tres las críticas que se leen hacia el estado actual de la industria apuntan a "inclusiones forzadas", simplificando una realidad mucho más compleja.



Desde hace un tiempo, se cuestiona que producciones de plataformas como Netflix y estudios como Disney y Warner Bros. son “woke”. El debate sobre lo "woke" se ha convertido en el eje de la crítica cinematográfica moderna en redes sociales, especialmente al analizar los estrenos de gigantes.

El término, utilizado a menudo de forma peyorativa, intenta señalar una supuesta saturación de mensajes de justicia social o inclusión forzada en el cine actual. Sin embargo, esta narrativa ignora que el séptimo arte siempre ha sido un espejo de su tiempo, diseñado para cuestionar el statu quo y dar voz a las problemáticas de la época en la que se produce.


Al Pacino en Tarde de Perros.

Criticar una película por abordar temas actuales es, en esencia, desconocer la historia misma de la industria. Si aplicáramos la lógica actual de forma retroactiva, clásicos indiscutibles como Filadelfia o Billy Elliot habrían sido tildados de "woke" en su momento por visibilizar el estigma del VIH o romper con los estereotipos de género. Incluso una obra maestra como Tarde de perros (Dog Day Afternoon), que explora temas de identidad de género, encajaría perfectamente bajo esta etiqueta contemporánea que hoy se usa para desestimar nuevas propuestas.

El carácter de denuncia no es una moda pasajera, sino un elemento intrínseco al arte. Desde películas que abordan el ecologismo, como Liberen a Willy, hasta dramas que exponen el racismo o la homofobia, el cine ha funcionado históricamente como una herramienta de visibilización. El problema, entonces, no radica en que una producción tenga una postura política o social, ya que el arte rara vez es neutral. El conflicto real suele encontrarse en la estructura de la obra.


Liberen a Willy.

Muchas veces, lo que el público percibe como un "exceso de ideología" es, en realidad, un guion con deficiencias estructurales. Cuando una historia presenta personajes planos, una construcción pobre de sus motivaciones o un desarrollo narrativo que no logra sostenerse por sí mismo, la temática social queda expuesta y se siente artificial. El fallo no es el mensaje de inclusión, sino la incapacidad de los creadores para integrarlo en una narrativa sólida y coherente que atrape al espectador más allá del discurso.

A pesar de las críticas, la existencia de estos espacios de denuncia y representación debe ser celebrada. Que las minorías encuentren un lugar en la pantalla grande no solo es una cuestión de justicia social, sino que enriquece la diversidad de historias que podemos consumir. 

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