En 2024, el nombre de Gisèle Pelicot dio la vuelta al mundo. Con 73 años, esta mujer francesa decidió hacer público el juicio en el que se juzgó a su entonces esposo y a decenas de hombres por haberla violado mientras estaba inconsciente. Su historia no solo conmocionó a Francia, sino que reabrió el debate sobre el consentimiento y empujó cambios en la legislación del país.
Ahora, Pelicot publicó sus memorias, tituladas Un himno a la vida, donde reconstruye el horror vivido y explica por qué eligió renunciar a su derecho al anonimato. “Nadie sabría jamás lo que me hicieron”, escribe. Su decisión permitió que la sociedad viera los rostros de los acusados y se preguntara cómo identificar a los agresores entre vecinos o colegas.

El caso salió a la luz cuando la policía la citó para informarle que su marido la había drogado durante años y había invitado a hombres a su casa para violarla mientras ella permanecía inconsciente. En sus memorias, Pelicot recuerda el momento en que los investigadores le mostraron imágenes en las que aparecía dormida junto a desconocidos. Un oficial le dijo que 53 hombres habían acudido a su vivienda para abusar de ella.
Su esposo, Dominique Pelicot, fue condenado junto con otros 50 hombres por violación. El proceso judicial, celebrado en el sur de Francia, se convirtió en uno de los más impactantes en la historia reciente del país por la magnitud de los hechos y por la decisión de la víctima de exponerlo públicamente.
En el libro, describe escenas cotidianas que adquirieron un nuevo significado tras la revelación. Cuenta cómo, antes de conocer la verdad, llegaba a su casa y tendía la ropa de su marido sin imaginar la traición. También relata el dolor de comunicar lo ocurrido a sus hijos, especialmente a su hija Caroline, consciente de que la noticia la sumergiría “en el infierno y de vuelta”.

El juicio no solo condenó a los responsables. También generó una ola de apoyo dentro y fuera de Francia. Pelicot recibió miles de cartas de mujeres de todo el mundo y recuerda que prefería leer esos mensajes antes que los diarios. Las manifestaciones frente al tribunal y la atención internacional transformaron su historia en un símbolo contra la violencia sexual.
Durante el proceso nunca se dirigió directamente a su exmarido, pero en sus memorias confiesa que planea visitarlo en prisión para exigir respuestas: si alguna vez pensó en detenerse, si fue consciente del daño causado, si comprende el infierno que dejó tras de sí.

El caso impulsó a Francia a revisar su legislación sobre violación, reforzando el debate sobre la noción de consentimiento y la protección de las víctimas. Para muchos, marcó un antes y un después en la manera en que el sistema judicial aborda este tipo de crímenes.
Lejos de quedar definida únicamente por el trauma, Pelicot asegura que su historia es también un relato de reconstrucción. En el libro cuenta que volvió a enamorarse y que la noche en que conoció a su nueva pareja se sintió “mareada de felicidad”.
“Todavía tengo fe en la gente”, escribe. Lo que antes consideraba una debilidad, hoy lo define como su fuerza. Esa confianza, sostiene, es su verdadera venganza. Con sus memorias, Gisèle Pelicot no solo repasa los hechos que la llevaron del infierno a la exposición pública. También deja testimonio de una decisión que cambió la conversación sobre la violencia sexual en Francia y convirtió su voz en una referencia global para otras víctimas.