El fuego avanzó con violencia durante la madrugada y redujo a escombros buena parte del Teatro Sannazaro, uno de los espacios más representativos de la vida escénica de Nápoles. El siniestro obligó a desplegar un amplio operativo de bomberos en el elegante barrio de Chiaia, donde se levanta el edificio desde fines del siglo XIX, y dejó daños estructurales de enorme magnitud, con el techo parcialmente colapsado y la sala principal completamente arrasada.
Las autoridades acordonaron la zona mientras continúan las pericias para determinar el origen del incendio. No se reportaron víctimas, pero la pérdida material y simbólica impacta de lleno en una ciudad que vive el teatro como parte de su identidad cotidiana.
Fundado en 1874 y bautizado en honor al poeta renacentista Jacopo Sannazaro, el teatro nació en un período en que Nápoles buscaba reafirmar su centralidad cultural tras la unificación italiana. En ese contexto, la sala se convirtió en un punto de encuentro para la burguesía local y para los grandes exponentes de la dramaturgia napolitana. Su programación estuvo históricamente ligada a la comedia popular, al teatro musical y a las obras en dialecto, pilares de una tradición escénica profundamente arraigada en la ciudad.
El edificio respondía al modelo clásico “a la italiana”, con platea en herradura, palcos superpuestos y una ornamentación interior que combinaba dorados, terciopelos y detalles de época. A lo largo de más de 150 años atravesó reformas, cierres temporales y reaperturas, pero logró sostener su perfil como espacio dedicado tanto a la tradición como a la experimentación contemporánea.

El Sannazaro no era solo una sala más en el mapa cultural napolitano. En una ciudad que alberga al histórico Teatro di San Carlo, uno de los templos de la ópera europea, el Sannazaro representaba el costado más popular e identitario del arte escénico local. Allí convivían compañías independientes, actores consagrados y nuevas generaciones que encontraban un escenario ligado a la memoria colectiva del barrio y de la ciudad.
En los últimos años, el teatro había reforzado su programación con producciones locales y eventos culturales que buscaban mantener viva la tradición dramática napolitana. Por eso, el incendio no solo afecta a un edificio patrimonial, sino también a un circuito artístico que depende de estos espacios para sostener su actividad.

Las primeras hipótesis apuntan a un posible desperfecto eléctrico, aunque la investigación sigue abierta. Técnicos especializados evaluarán ahora si la estructura puede ser restaurada o si será necesaria una reconstrucción integral. El Ministerio de Cultura italiano y autoridades municipales ya anticiparon que se estudiarán mecanismos para preservar lo que quede del inmueble y apoyar a las compañías afectadas.
Para Nápoles, ciudad de contrastes y resiliencia, la pérdida del Teatro Sannazaro se siente como un golpe directo a su historia cultural. Más que ladrillos y ornamentos, lo que se quemó en la madrugada fue un fragmento de la memoria artística de una comunidad que convirtió al teatro en una de sus formas más genuinas de expresión.