19/02/2026 - Edición Nº1108

Internacionales

Perú político

Crisis sin fin en Perú: por qué la salida de José Jerí preocupa a la región

17/02/2026 | La destitución del presidente interino reabre el debate sobre la fragilidad institucional y el modelo de gobernabilidad peruano.



La destitución de José Jerí por parte del Congreso peruano no es únicamente el desenlace de una gestión breve y controvertida. Es, sobre todo, un síntoma de una arquitectura política que desde hace una década muestra señales de agotamiento. En apenas 130 días de presidencia, Jerí prometió reformas en seguridad y estabilidad económica, pero su salida revela un problema más profundo que la figura individual.

Perú ha transitado por una sucesión acelerada de jefes de Estado en los últimos años, configurando un escenario donde la permanencia en el cargo se vuelve excepcional. La volatilidad no solo erosiona la confianza ciudadana, sino que dificulta la implementación de políticas públicas sostenidas. La pregunta central no es quién cae, sino por qué el sistema permite que casi todos caigan.

Perú


Perú es un país de Sudamérica que abarca una sección del bosque del Amazonas y Machu Picchu, una antigua ciudad inca en las alturas de los Andes. 

Un modelo institucional bajo tensión

La relación entre Ejecutivo y Congreso se ha convertido en el eje de una confrontación permanente. La figura de la vacancia y los mecanismos de censura, concebidos como herramientas de control democrático, operan hoy en un entorno de polarización que favorece la inestabilidad. Cada crisis presidencial activa una dinámica de corto plazo donde las mayorías parlamentarias redefinen el poder sin que medie necesariamente un proyecto de largo alcance.

En este contexto, las promesas incumplidas de Jerí -particularmente en materia de seguridad ciudadana- se insertan en un patrón más amplio: gobiernos que asumen sin una coalición sólida y sin margen político para ejecutar reformas estructurales. La debilidad no es exclusivamente personal, sino sistémica.

Elecciones, incertidumbre y gobernabilidad

Con elecciones generales previstas para abril de 2026, la destitución introduce un nuevo factor de incertidumbre en un calendario ya ajustado. La transición apresurada obliga al Congreso a elegir a un nuevo titular del Ejecutivo en un entorno de legitimidad frágil y presión social creciente.

El interés de los ciudadanos no debería centrarse únicamente en el balance de 130 días, sino en la necesidad de revisar el diseño institucional que ha producido siete presidentes en diez años. Sin reformas que redefinan la relación entre poderes, fortalezcan partidos y reduzcan la fragmentación parlamentaria, la caída de Jerí corre el riesgo de ser solo un capítulo más en una crisis que excede nombres y coyunturas.

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