Por segunda vez consecutiva en el plano legislativo, el Gobierno nacional optó por un camino de mayor pragmatismo y evitó una estrategia de “todo o nada” en el Congreso.
En un escenario donde mejoró su caudal parlamentario respecto al año pasado, pero todavía no cuenta con mayorías propias, la administración de Javier Milei volvió a priorizar la gobernabilidad y el respaldo de los bloques aliados por sobre la confrontación.
La decisión más reciente fue dejar de lado el polémico artículo 44 de la reforma laboral, una cláusula que había generado fuerte resistencia política y sindical.
Desde el inicio de su gestión, el oficialismo enfrenta una realidad estructural: carece de mayoría en ambas cámaras y depende del acompañamiento de sectores dialoguistas para avanzar con su agenda.
Si bien el bloque de La Libertad Avanza logró consolidarse y crecer en número, todavía está lejos de imponer proyectos sin negociaciones previas. En ese contexto, cada iniciativa requiere un delicado equilibrio entre convicción ideológica y viabilidad política.
El actual debate por la reforma laboral volvió a poner en evidencia esa limitación.
La mejor manera de lograr la ley de modernización laboral es dando de baja el artículo 44.
— Cristian Ritondo (@cristianritondo) February 17, 2026
El punto más sensible del proyecto era el artículo 44, que habilitaba descuentos salariales en casos de ausencias por enfermedades o lesiones no vinculadas directamente al trabajo.
Según el texto original:
La cláusula fue interpretada por amplios sectores como un recorte de derechos adquiridos y generó un rechazo transversal, incluso entre aliados del oficialismo.
Los diputados del bloque Innovación Federal, Independencia y Elijo Catamarca no van a votar el art. 44 (Modificación del art. 208 LCT).
— Gustavo Sáenz (@GustavoSaenzOK) February 17, 2026
Accidentes y enfermedades inculpables.
Remuneraciones al 50% o 75% según el caso. Si fue un error, lo más justo y prudente es corregirlo y,…
A diferencia de otras etapas, en las que el Gobierno defendía sin matices cada iniciativa y evitaba retrocesos, esta vez la estrategia fue distinta.
No hubo largos intentos de justificación ni una defensa cerrada del artículo. Ante el riesgo de perder apoyos clave, el oficialismo resolvió eliminarlo para preservar el consenso general alrededor de la reforma.
La decisión reflejó un cambio de tono: en lugar de tensionar al máximo, el Ejecutivo eligió ceder en un punto conflictivo para sostener el respaldo parlamentario.
El giro no es casual. Luego del complejo “torbellino legislativo” de 2025, cuando el Gobierno estuvo contra las cuerdas y sufrió derrotas relevantes en el Congreso, la Casa Rosada parece haber desarrollado una mayor cautela.
Desde entonces, el oficialismo muestra una marcada aversión a repetir escenarios en los que una iniciativa termine volviéndose en su contra.
El resultado es un Milei más atento al clima parlamentario y menos dispuesto a forzar votaciones sin respaldo asegurado.
El cierre de 2025 ofrece un antecedente claro de esta nueva lógica. En el debate del Presupuesto 2026, el oficialismo intentó incorporar el controvertido Capítulo 11, que incluía:
La Cámara de Diputados aprobó el proyecto general, pero excluyó ese capítulo. Frente a esa situación, el Gobierno decidió no insistir en el Senado.
En lugar de reabrir el conflicto, optó por convalidar el texto sin esa sección y asegurar la sanción del presupuesto. Fue una señal clara: preferir un triunfo parcial antes que arriesgar una derrota total.
Resta saber si este pragmatismo llegó para quedarse. La experiencia reciente muestra que La Libertad Avanza ha tenido, en más de una ocasión, dificultades para sostener estrategias coherentes y evitar errores políticos que terminan debilitando su posición.
La propia dinámica del oficialismo, atravesada por tensiones internas y un fuerte componente personalista, abre interrogantes sobre la continuidad de este giro.