Axel Kicillof pisa el acelerador de su proyecto presidencial con una hoja de ruta clara: salir del límite bonaerense y construir volumen político propio en el interior. El armado del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) ya empezó a desplegar pequeñas estructuras en distintas provincias, bajo la coordinación de su círculo más cercano: Carlos Bianco, Gabriel Katopodis, Cristina Álvarez Rodríguez, Andrés “Cuervo” Larroque, junto a los intendentes Jorge Ferraresi, Fernando Espinoza y el histórico dirigente Julio Pereyra. El plan es nacional y requiere algo más ambicioso que aquellas giras de 2018 que lo instalaron en la provincia de Buenos Aires.
El desafío central está en el corazón electoral del país: Córdoba, Mendoza, Entre Ríos y Santa Fe concentran el 24% del padrón, y sumadas a Buenos Aires superan la mitad del electorado. Allí el kirchnerismo carga con una resistencia estructural, especialmente vinculada a la figura de Cristina Kirchner y a La Cámpora. En La Plata admiten ese límite, pero creen que Kicillof puede “hablarle a cada provincia desde su matriz productiva” y romper prejuicios históricos.
En ese esquema, el gobernador abrió canales de diálogo institucional con mandatarios de distinto signo político. Conversó con Martín Llaryora por la reforma laboral, con Maximiliano Pullaro por el conflicto policial santafesino y con Ignacio Torres por los incendios en el sur. También mantiene vínculo con Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, dos peronistas que oscilaron entre la cooperación y la distancia con Javier Milei. Por ahora, los contactos son de gestión, no de construcción electoral. Pero el kicillofismo imagina que con el correr del año la rosca inevitablemente comenzará.
La estrategia es pragmática: si no se puede ganar en el centro del país, al menos perder por menos. Esa lógica fue clave en 2019 para el triunfo del Frente de Todos. En el entorno del gobernador aseguran que hay espacio para “una nueva identidad” que no reniegue del origen kirchnerista pero que dialogue con sectores que hoy desconfían del sello tradicional del espacio.
Mientras proyecta hacia afuera, Axel Kicillof no logra cerrar del todo la disputa hacia adentro. La relación con el cristinismo sigue tensionada y sin diálogo directo con Cristina Kirchner ni con Máximo Kirchner. Tras acordar la renovación de autoridades del PJ bonaerense, el próximo foco de conflicto está en el Senado provincial: la vicepresidencia primera, la secretaría administrativa y la conducción del bloque peronista.
En La Plata no están dispuestos a ceder la vicepresidencia primera, lugar estratégico en la línea sucesoria que pretenden para Ayelén Durand. El control institucional no es un detalle: ordena poder real. El problema es político. Si la interna no se encauza, el proyecto nacional puede quedar condicionado por una disputa doméstica sin resolver. La incógnita es si el peronismo logrará una síntesis amplia frente a Javier Milei o si la competencia interna terminará anticipando un quiebre más profundo.