El panorama cinematográfico de inicios de 2026 ha consolidado una tendencia que venía asomando: la era de las "estrellas de cine" como motor principal de la taquilla parece estar cediendo ante el poder de las marcas. En Argentina, durante enero, fenómenos como Avatar: Fuego y Cenizas y Zootopia 2 acapararon más del 50% de los tickets vendidos. Lo curioso es que, aunque cuentan con elencos talentosos, el público no asiste a las salas por una cara específica, sino por el universo narrativo. Ya no se trata de "la nueva de tal actor", sino de la nueva entrega de una franquicia que garantiza un espectáculo visual.
Esta aparente crisis de las estrellas convencionales se hace evidente incluso con figuras que dominan la conversación en internet, como Pedro Pascal. A pesar de ser el "Daddy" favorito de las redes sociales, su magnetismo digital no siempre se traduce en boletos cortados. Mientras que Materialistas logró unos dignos 100 millones de dólares para su escala, apuestas más ambiciosas como Eddington terminaron en pérdida, recaudando apenas la mitad de su costo. Incluso su incursión en Marvel con Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos alcanzó los 520 millones, una cifra que, aunque alta, quedó por debajo de las expectativas de un estudio acostumbrado a romper récords.
El contraste es marcado cuando miramos hacia atrás. Antes, el espectador promedio se movilizaba por "la de DiCaprio en la nieve" o "la de Nicole Kidman donde cantan". Hoy, el nombre de la película o el sello del estudio (Pixar, Marvel, Disney) tiene más peso que el protagonista. El mundo de las estrellas parece haberse fragmentado: Brad Pitt puede sostener el interés en un proyecto como F1 y Guillermo Francella sigue demostrando su vigencia local con el éxito de Homo Argentum, pero son excepciones en un mar de producciones donde el concepto manda sobre el intérprete.

Incluso los "últimos héroes de acción" enfrentan dificultades. Tom Cruise, quien ha sido el abanderado de la experiencia en salas, vio cómo el cierre de su saga más icónica, Misión Imposible, no logró una convocatoria masiva arrolladora. En los rankings de asistencia en Argentina, quedó relegado detrás de títulos como el live-action de Lilo y Stitch o la sorprendente nueva entrega de Destino Final.
Ante este escenario, Hollywood se pregunta si estamos ante el fin de la estrella de cine tradicional o simplemente ante una transformación del mercado. Mientras las secuelas y reboots dominan el calendario de 2026, queda en el aire una pregunta dando vueltas: ¿Cuál es esa estrella que hoy interpela tanto como para ir al cine solo por verla, sin importar de qué trate la película?