En diciembre escribí en estas páginas sobre 2026: la nueva grieta ya no es política, es microeconómica y advertí que durante este año empezarían los cierres. Expliqué que Nación, Provincias y Municipios jugaban un equilibrio de Nash perverso: una situación donde cada jugador se queda quieto esperando que el otro mueva primero, mientras las empresas quedan atrapadas en el fuego cruzado. Pronostiqué que, cuando llegaran los cierres, cada nivel de gobierno tendría su relato de inocencia listo.
No tuve que esperar mucho. Hoy, 18 de febrero de 2026, FATE cierra sus puertas. Son 920 familias sin trabajo y 80 años de historia industrial liquidados. Como en un guion ya escrito, cada actor señala hoy al de al lado.
Lo que escribí en diciembre no era especulación; era teoría de juegos aplicada al federalismo fiscal argentino. FATE es la validación empírica. Si una empresa icónica no resistió ni dos meses de este año, la pregunta es cuántas pymes anónimas del Conurbano ya bajaron la persiana en silencio.
El Gobierno nacional cumplió su estrategia de apertura acelerada. Entre 2023 y 2025, las importaciones de neumáticos crecieron un 34,8%, saturando el mercado con picos como el de mayo de 2025 (860.000 unidades en un mes). El mensaje oficial es: "Normalizamos la macro; si no sos competitivo, el problema es tu costo local".
Pero las Provincias y Municipios no movieron su ficha. Ingresos Brutos, que representa casi el 80% de la recaudación provincial, cayó apenas un 1,1% real en 2025. Mientras la industria pedía oxígeno, distritos como La Pampa o Río Negro incluso aumentaron la presión. Las tasas municipales operaron como aduanas interiores. Su narrativa de hoy: "Es un industricidio nacional". Sobre los impuestos locales que asfixian el producto argentino frente al importado, hay un silencio sepulcral.
Los sindicatos (SUTNA) aportaron su propia rigidez. En un mercado que se desplomaba, mantuvieron niveles de conflictividad que la empresa citó como "insalvables". Hoy denuncian la ilegalidad del cierre, pero la realidad es que el capital no tiene ideología: tiene cálculo de rentabilidad.
El cierre de FATE confirma que la velocidad de la apertura va por ascensor, mientras que la mejora de la microeconomía va por la escalera (o está rota). Reconvertirse exige tres cosas que FATE no tuvo: tiempo, capital y baja de costos estructurales.
Mientras Nación y Provincias jugaban al ajedrez político, el reloj se agotó. La paradoja es total dentro del propio grupo empresario: mientras cierran FATE (manufactura tradicional "perdedora"), sostienen Aluar (sector exportador beneficiado por el RIGI). Es la Argentina de dos velocidades consolidada en una sola firma.
FATE no cayó hoy por un decreto. La empresa arrastra una inviabilidad financiera de décadas. Desde su concurso de acreedores post-2001 hasta los preventivos de crisis de 2019 y 2024, la planta de San Fernando sobrevivió en un ecosistema de protección que hoy desapareció. Como mencionaba recientemente Luciano Galfioni (Fundación Proteger), el sector de caucho y plástico cayó un 23% recientemente; FATE operaba al 30% de su capacidad. Producir era, literalmente, destruir valor.
FATE no es una anécdota. Es la advertencia de lo que pasa cuando el código postal determina el futuro y los políticos administran culpas en lugar de soluciones. Necesitamos un Pacto Fiscal Federal Productivo: reducciones simultáneas y medibles de impuestos, no promesas.
El equilibrio de Nash es, por definición, una situación donde nadie gana si nadie cambia. FATE ya perdió. El resto de la industria argentina espera a ver quién tiene la valentía de mover primero antes de que el 2026 sea recordado como el año en que ordenamos las cuentas, pero vaciamos las fábricas.