El silencio en la sala se quebró cuando la madre empezó a contar lo que había pasado aquella tarde. Frente al tribunal, Florencia Barraza volvió a enfrentarse cara a cara con la escena que terminó con la vida de su hija Kim Gómez y relató cómo fue el ataque que derivó en el crimen que conmocionó a La Plata.
Su testimonio marcó el inicio del juicio oral y permitió reconstruir la secuencia del robo ocurrido el 18 de febrero en la zona de Altos de San Lorenzo. La mujer estuvo acompañada de una psicóloga de la Dirección Provincial de Asistencia a la Víctima, quien intervino en los momentos de mayor angustia.
Según declaró, todo comenzó cuando se detuvo en un semáforo y fue interceptada por los delincuentes, que la obligaron a bajar del auto por la fuerza, la tiraron al piso y escaparon con el vehículo.

En el asiento trasero viajaba Kim, de siete años, con el cinturón de seguridad colocado. Durante la fuga, la nena habría intentado bajarse, pero quedó enganchada y fue arrastrada a lo largo de 15 cuadras, en una secuencia que resultó fatal.
El juicio tiene a un único acusado: un joven de 18 años que al momento del hecho tenía 17, por lo que es juzgado bajo el régimen penal juvenil. Esa condición impacta en la pena que podría recibir en caso de ser declarado culpable.
En la causa también está imputado un adolescente de 14 años. Por su edad es considerado no punible y permanece alojado en un instituto de máxima seguridad, donde deberá cumplir una medida de encierro por dos años bajo supervisión interdisciplinaria.
El padre de la víctima, Marcos Gómez, acompañó a su esposa durante la audiencia y destacó su entereza para enfrentar el proceso. También explicó que necesitaba conocer en detalle lo ocurrido para poder comprender los últimos momentos de su hija y empezar a elaborar el duelo.
La declaración de la madre fue uno de los momentos más duros del inicio del debate oral, que busca determinar las responsabilidades penales por el crimen que provocó una profunda conmoción social y dejó expuesta la violencia extrema de un robo que terminó de la peor manera.