El paro nacional tuvo un impacto limitado en el comercio porteño. Según datos de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA), el nivel de acatamiento fue de apenas el 12%, en un contexto donde los comerciantes priorizan mantener la actividad para evitar perder facturación en un escenario económico todavía frágil.
Durante la mañana del jueves, los principales centros comerciales a cielo abierto de la Ciudad registraron una actividad cercana a la normalidad, con la mayoría de los locales abiertos. En algunos casos, la apertura se demoró debido a las dificultades de traslado del personal, producto de la interrupción del transporte público.
El mayor impacto se concentró en zonas directamente vinculadas al flujo de pasajeros, como áreas cercanas a estaciones de tren y centros de trasbordo, donde el cierre de locales fue más visible.
“El comercio no puede darse el lujo de cerrar”, resumió el presidente de FECOBA, Fabián Castillo, quien explicó que la caída de la actividad limita la posibilidad de adherir a medidas de fuerza. “La resentida actividad económica no da margen para plegarse al paro y perder un día de ventas. Venimos de varios días feriados y lo que se necesita es abrir para vender”, afirmó.
La decisión de mantener los locales abiertos refleja una realidad que atraviesa al sector: en un contexto de consumo todavía debilitado, cada jornada de actividad se vuelve clave para sostener los ingresos.
Para muchos comerciantes, cerrar un día implica resignar una parte significativa de la facturación mensual, especialmente en rubros donde el volumen de ventas es bajo y los márgenes son reducidos. A diferencia de otros sectores, las ventas no se recuperan automáticamente al día siguiente, lo que convierte cada jornada sin actividad en una pérdida directa.

Este fenómeno se da en un escenario donde el comercio aún enfrenta las consecuencias de la caída del consumo registrada en los últimos meses, afectado por la pérdida de poder adquisitivo y el aumento de costos operativos, como tarifas, alquileres e impuestos.
En este contexto, el bajo nivel de adhesión al paro refleja no solo una postura frente a la medida, sino también la necesidad económica de sostener la actividad. Para el comercio minorista, mantener las puertas abiertas dejó de ser una opción y pasó a convertirse en una condición necesaria para sobrevivir.