19/02/2026 - Edición Nº1108

Policiales

Estaba preso en Melchor Romero

Apareció muerto en su celda el hombre que mató a su hijo de 8 años en Lomas de Zamora

19/02/2026 | Alejandro Ruffo fue hallado sin vida en la Unidad Penitenciaria Nº 34. Estaba detenido por el crimen de Joaquín, el nene al que asfixió en medio de un conflicto de pareja.



El silencio de la madrugada en el penal se rompió con gritos desesperados. Cuando los guardias llegaron al pabellón, Alejandro Ruffo ya no respondía. El hombre acusado de matar a su hijo de 8 años fue encontrado sin vida dentro de su celda en la Unidad Penitenciaria N° 34 de Melchor Romero, donde permanecía detenido desde el año pasado.

Según informaron fuentes oficiales, el hallazgo se produjo durante una recorrida de rutina, cuando otros internos alertaron al personal penitenciario. Ruffo se habría colgado con una sábana que ató a la ventana de la celda 85. Sus compañeros intentaron auxiliarlo y cortaron la tela, pero los esfuerzos fueron inútiles y fue declarado muerto en el lugar.

Tras el episodio, intervino la Unidad Funcional de Instrucción N° 3 del Departamento Judicial La Plata, que inició actuaciones bajo la carátula de “suicidio”. El cuerpo fue trasladado a la Morgue Judicial para la autopsia.

Ruffo estaba detenido con prisión preventiva, acusado de homicidio triplemente agravado por el vínculo, por alevosía y con el fin de causar sufrimiento a su cónyuge”, una imputación que contemplaba la pena de prisión perpetua.

Un crimen horrendo

La mañana del 5 de agosto, en su casa de Lomas de Zamora, Ruffo aprovechó que estaba solo con Joaquín para atacarlo mientras dormía. El niño fue asfixiado en su habitación.

Ese día, su madre, Natalia Ciak, había salido temprano hacia el trabajo. Fue el propio Ruffo quien la acompañó a tomar el transporte, como parte de una rutina que aparentaba normalidad. Sin embargo, horas después comenzaron las señales de alarma.

El nene no llegó a la escuela. Tampoco respondió mensajes. Cuando la mujer llamó para preguntar, le confirmaron que no había asistido a clases.

Mientras tanto, Ruffo realizaba publicaciones agresivas en redes sociales dirigidas a su pareja. Cuando ella lo enfrentó, él intentó tranquilizarla y aseguró que el niño estaba durmiendo. Para entonces, Joaquín ya había sido asesinado.

La sospecha creció y la mujer regresó a su casa acompañada por la Policía. Allí encontró la escena que confirmaría el crimen. El niño estaba muerto y el hombre gravemente herido, tras haber intentado quitarse la vida.

Ruffo sobrevivió a ese primer intento. Fue trasladado al Hospital Gandulfo, donde semanas después confesó el asesinato y explicó que lo había cometido en el marco de la separación que atravesaban.

Desde entonces permanecía detenido, a la espera del juicio.

Su muerte en prisión cierra de manera abrupta el proceso judicial, pero no el impacto de un crimen que expuso una de las formas más extremas de violencia intrafamiliar: la de un padre que mató a su propio hijo.