20/02/2026 - Edición Nº1109

Política

Reforma laboral

El sello de “traidor” en Diputados que puede arruinar el proyecto nacional de Kicillof

19/02/2026 | El gobernador busca "federalizar" su espacio pero el peronismo del interior tiene planes ambiguos



La sesión en Diputados sobre la reforma laboral dejó una postal incómoda para Axel Kicillof. Más allá del resultado legislativo inmediato, el episodio abrió un frente de conflicto de largo plazo para sus ambiciones nacionales: el kirchnerismo más duro expuso públicamente a los diputados peronistas del interior que resultaron clave para darle quórum al Gobierno de Javier Milei, y complicó cualquier intento futuro de recomponer puentes con esos sectores.

El señalamiento fue directo. Desde el entorno de Cristina Kirchner se instaló, en las últimas 48 horas, una consigna nítida: solo el cristinismo se opone sin matices al oficialismo libertario. El resto del peronismo, especialmente el que gobierna en provincias como Catamarca, Misiones, Tucumán o Salta, aparece como “maleable”, dispuesto a negociar según las circunstancias.

La tensión entre ambición nacional y realidad federal

Para Kicillof, que busca proyectarse más allá de la provincia de Buenos Aires y posicionarse como un competidor fuerte en 2027, el escenario es delicado. Cualquier construcción nacional requiere diálogo con los gobernadores y legisladores del interior. Pero el discurso de “traición” instalado por el kirchnerismo duro erosiona esa estrategia.

Si mañana intenta confluir con esos sectores, el antecedente de la reforma laboral será un lastre: desde el núcleo cristinista ya quedó marcado quiénes “transaron” con Milei. Esa memoria política puede convertirse en un obstáculo permanente para un armado federal amplio.

En ese marco, el gobernador bonaerense se mueve, por ahora, con mayor comodidad junto a mandatarios que han marcado distancia clara con la Casa Rosada, como los de Formosa, Tierra del Fuego, Santiago del Estero, La Rioja y La Pampa. Ampliar ese círculo hacia otros gobernadores peronistas implica un riesgo: el cristinismo fiscaliza cada movimiento y, además, esos espacios no garantizan una oposición sistemática en el Congreso.

El caso Arrúa, un golpe simbólico

El ejemplo más visible de esta tensión es el del diputado misionero Alberto Arrúa, presidente del bloque Innovación Federal. Su firma en el dictamen que habilitó la sesión fue determinante y se convirtió en un símbolo de las contradicciones internas del peronismo.

El episodio fue especialmente sensible porque ocurrió apenas dos semanas después de un acercamiento político con el oficialismo bonaerense. El 2 de febrero, Arrúa se había reunido con el ministro de Trabajo provincial, Walter Correa, para avanzar en la idea de construir “un movimiento nacional que se fortalezca desde las coincidencias”.

Ese encuentro había sido leído como un intento de Kicillof de tender puentes con dirigentes del interior con peso territorial. Sin embargo, la posterior decisión de Arrúa de facilitar el avance de la reforma laboral expuso los límites de ese acercamiento y dejó al gobernador en una posición incómoda.

Arrúa responde al Frente Renovador de la Concordia, el espacio que lidera Carlos Rovira, y desde ese lugar mantiene una estrategia de diálogo con el Gobierno nacional, combinada con críticas parciales. De hecho, rechazó públicamente el artículo 44 del proyecto, vinculado a las licencias por enfermedad, aunque aclaró que acompañaría la iniciativa en general.

Reacciones y pases de factura

La actitud del diputado misionero generó un rápido rechazo en Unión por la Patria. Una de las voces más duras fue la de Sabrina Selva, quien escribió en redes: “Firman la convocatoria algunos que se dicen peronistas y hasta se sacan fotos con ministros de Trabajo. Que la Patria se los demande”.

Ese tipo de mensajes no solo apuntan a Arrúa, sino que funcionan como advertencia para todo el peronismo dialoguista: cualquier acuerdo con Milei será expuesto y recordado.

El trasfondo del conflicto es estratégico. Kicillof necesita articular con gobernadores y legisladores del interior si quiere construir una alternativa competitiva a nivel nacional. Pero cada acercamiento a sectores “moderados” lo expone al reproche del kirchnerismo duro, que busca consolidarse como la única oposición sin concesiones.

El riesgo es quedar asociado a un peronismo “light”, dispuesto a negociar con el oficialismo, mientras el espacio de Cristina se autopercibe como el único núcleo coherente y sin vacilaciones. Ese posicionamiento le garantiza al cristinismo un piso electoral relevante, aunque también le impone un techo.