El gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, protagonizó en los últimos días un giro político que sorprendió tanto a aliados como a sectores sindicales: su acción permitió al oficialismo obtener quórum en la Cámara de Diputados para habilitar el debate y la votación de la reforma laboral, un proyecto clave del Gobierno nacional.
La jugada se concretó cuando ingresó al recinto el diputado José Garrido, representante de Santa Cruz y alineado políticamente con Vidal, convirtiéndose en el legislador número 129 necesario para dar inicio a la sesión. Este hecho fue interpretado por críticos, especialmente desde el movimiento obrero.
En un pasado que hoy parece lejano, el hoy gobernador llegó a ser secretario general del Sindicato de Petroleros y Gas Privado de Santa Cruz, donde se constituyó como una figura combativa y de amplio reconocimiento en conflictos gremiales locales. En 2011 se puso al frente de la toma de la planta YPF en Las Heras, protestando contra una ola de despidos y atraso en el pago de sueldos.
Esa trayectoria forjó su base política y lo catapultó posteriormente al poder provincial. En 2018 desembarcó en la actividad política de la mano del exgobernador Sergio Acevedo. Al año siguiente apoyó la reelección de Alicia Kirchner. En 2021 fue electo diputado nacional por el partido SER (Somos Energía para Renovar)
Desde 2023 ocupa el sillón más importante de su provincia, y desde entonces ha comenzado a instalar un perfil más pragmático y promercado. Ayer, después de una semana de diálogo con el Gobierno, contribuyó a la aprobación de un proyecto que se afecta directamente a las indemnizaciones, las condiciones de contratación y el derecho a huelga.
Hace pocos días, en el Senado los representantes de la provincia natal del expresidente Néstor Kirchner votaron junto con el bloque peronista, en contra del proyecto libertario. El senador José María Carambia dijo: “No vamos a votar en contra de los trabajadores”, y cuestionado que la llamada “modernización laboral” recorta derechos.