Cada 20 de febrero se celebra el Día Internacional del Gato, una de las efemérides más populares en redes sociales y portales. Aunque no es una fecha oficial proclamada por la ONU, logró instalarse a nivel global.
La jornada tiene un origen puntual: recuerda a “Socks”, el gato que vivió en la Casa Blanca durante la presidencia de Bill Clinton. El animal murió el 20 de febrero de 2009 y, desde entonces, la fecha comenzó a recordarse a modo de homenaje y luego terminó consolidándose como celebración internacional.

El 20 de febrero no es la única jornada dedicada a los felinos. También se los conmemora el 8 de agosto y el 29 de octubre, lo que convierte al gato en uno de los pocos animales con tres fechas internacionales.

1. No perciben el sabor dulce.
Los gatos carecen de receptores funcionales para detectar lo dulce. A diferencia de los humanos y muchos otros mamíferos, su biología está orientada casi exclusivamente a una dieta carnívora.
2. Su ronroneo no siempre significa felicidad.
Aunque suele asociarse al placer, los gatos también ronronean cuando sienten dolor, estrés o están enfermos. Se cree que las vibraciones (entre 25 y 150 Hz) podrían favorecer procesos de reparación ósea y tisular.
3. Tienen un “mapa” interno del espacio.
Poseen una memoria espacial muy desarrollada. Pueden recordar la ubicación exacta de objetos y rutas dentro de su territorio, incluso después de cambios mínimos en el entorno.
4. Pueden saltar hasta seis veces su altura.
Gracias a la potencia de sus patas traseras y a una columna vertebral extremadamente flexible, un gato doméstico promedio puede alcanzar alturas que superan ampliamente su tamaño corporal.
5. Su nariz es única, como una huella digital.
El patrón de líneas y relieves en la trufa (nariz) de cada gato es irrepetible. En teoría, podría utilizarse como método de identificación biométrica.

Un estudio publicado en el Journal of Vascular and Interventional Neurology (2010), analizó datos de más de 4.000 personas durante 10 años y encontró que quienes habían tenido gatos presentaban menor riesgo de muerte por infarto de miocardio en comparación con quienes nunca habían convivido con uno.
En el plano hormonal, investigaciones sobre interacción humano-animal, como las compiladas por la Universidad de Missouri y publicadas en Frontiers in Psychology (2019), describen que el contacto físico con animales de compañía puede incrementar niveles de oxitocina y reducir cortisol, hormona vinculada al estrés. Estos efectos fueron medidos mediante análisis salivales en contextos controlados.
Respecto al ronroneo, trabajos citados por la veterinaria y científica Elizabeth von Muggenthaler documentan que la frecuencia vibratoria del ronroneo felino oscila entre 25 y 150 Hz. Ese rango coincide con frecuencias utilizadas en terapias de estimulación mecánica para favorecer regeneración ósea y recuperación muscular.
El Día Internacional del Gato ofrece una oportunidad para poner estos datos sobre la mesa y celebrar a nuestros compañeros de vida.