20/02/2026 - Edición Nº1109

Internacionales

Récord arquitectónico

La Sagrada Familia ya es la iglesia más alta del mundo

20/02/2026 | La emblemática basílica de Barcelona alcanzó los 172,5 metros con la Torre de Jesucristo y superó a la catedral de Ulm.



La silueta de la Basílica de la Sagrada Familia ya no solo domina el horizonte de Barcelona: ahora también ostenta un récord mundial. Con la culminación de la Torre de Jesucristo, el templo alcanzó los 172,5 metros de altura, convirtiéndose en la iglesia cristiana más alta del planeta.

La marca desplaza a la Ulm Minster, en Alemania, cuya torre principal mide 161,5 metros y durante siglos fue la referencia vertical del cristianismo europeo. Pero detrás del nuevo récord no hay una carrera contemporánea por la altura, sino una historia que comenzó hace casi siglo y medio.

Un proyecto nacido en el siglo XIX

Las obras de la Sagrada Familia comenzaron en 1882, impulsadas por una asociación de devotos que buscaba construir un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia. El primer arquitecto fue Francisco de Paula del Villar, quien concibió un diseño neogótico tradicional. Un año después, en 1883, el proyecto pasó a manos de un joven arquitecto catalán que transformaría por completo la idea original: Antoni Gaudí.

Gaudí no solo rediseñó el templo, sino que lo convirtió en una obra monumental cargada de simbolismo religioso y natural. Dedicó más de 40 años al proyecto y los últimos 15 exclusivamente a esta construcción, convencido de que estaba creando una síntesis entre fe, naturaleza y arquitectura.

El plan maestro contempla 18 torres: doce dedicadas a los apóstoles, cuatro a los evangelistas, una a la Virgen María y la más alta a Jesucristo. La Torre de Jesucristo, que ahora corona el conjunto, fue concebida como el punto culminante del templo. Sin embargo, Gaudí estableció un límite preciso: la basílica no debía superar los 173 metros, para quedar apenas por debajo de la colina de Montjuïc. Según su visión, la obra humana no debía imponerse a la creación divina. Esa decisión explica la altura final de 172,5 metros, una cifra que hoy le otorga el récord mundial.

Interrupciones, guerra y reconstrucción

La construcción no fue lineal. Gaudí murió en 1926 tras ser atropellado por un tranvía, cuando apenas una pequeña parte del templo estaba completada. Diez años después, durante la Guerra Civil española, talleres, planos y maquetas originales fueron destruidos. A partir de entonces, generaciones de arquitectos trabajaron con fragmentos de modelos y documentación reconstruida para continuar la obra. En las últimas décadas, el uso de tecnología digital y modelado en 3D aceleró significativamente los trabajos.

Aunque la torre principal ya alcanzó su altura máxima, la Sagrada Familia todavía no puede considerarse completamente finalizada. Continúan los trabajos en la fachada de la Gloria, considerada la más monumental, y en diversos elementos ornamentales. La fecha prevista de conclusión integral es 2026, cuando se cumplirán cien años de la muerte de Gaudí. Si se concreta, será el cierre simbólico de una obra que atravesó tres siglos distintos.


Fotografía histórica de los primeros años de construcción del templo expiatorio, antes de que Antoni Gaudí transformara el proyecto.

Más que un récord arquitectónico

El nuevo título como iglesia más alta del mundo tiene un impacto que va más allá de la estadística. La Sagrada Familia es uno de los monumentos más visitados de Europa y un emblema cultural de España.

Su elevación definitiva no responde a una competencia moderna, sino a una visión concebida en el siglo XIX que recién ahora alcanza su dimensión plena. Es el resultado de 144 años de trabajo, interrupciones históricas, avances tecnológicos y una persistencia colectiva poco habitual en la arquitectura contemporánea.


Operarios colocan la cruz que corona la Torre de Jesucristo en la Basílica de la Sagrada Familia, un paso decisivo que permitió alcanzar los 172,5 metros y sellar el récord como la iglesia cristiana más alta del mundo.

La basílica que nació como templo expiatorio hoy es, además, un símbolo global de continuidad histórica: una obra que comenzó en la era del carbón y culmina en tiempos de modelado digital, manteniendo intacta la idea original de su creador.