La tendencia actual de Hollywood parece ir en contra del reloj biológico de los espectadores. Según The Economist, si comparamos las películas actuales con las de 1930, hoy los éxitos de taquilla son casi un 50% más largos. Esta evolución hacia el metraje extendido se refleja incluso en los premios de la Academia: de las últimas diez ganadoras del Oscar a Mejor Película, apenas tres producciones (Nomadland, Moonlight y CODA) lograron mantenerse por debajo de la barrera de las dos horas.
Este fenómeno tiene raíces técnicas y narrativas. Antiguamente, el formato físico de 35mm limitaba la duración debido al costo y peso de los carretes. Sin embargo, la distribución digital ha eliminado estas barreras, permitiendo metrajes ilimitados sin gastos adicionales de manufactura. Además, las salas de cine ahora apuestan por el "factor evento" para competir con el streaming. Al promocionar filmes épicos y extensos, buscan ofrecer una experiencia premium que justifique el costo de la entrada, alejándose de la vieja regla comercial que prefería cintas cortas para maximizar la cantidad de funciones diarias.

Curiosamente, el mundo de la televisión parece haber iinfluido en este cambio de paradigma. Con el auge de las plataformas digitales, los episodios de las series ya no deben ajustarse a una grilla rígida con cortes comerciales, lo que ha provocado que muchos capítulos tengan una calidad técnica y una duración similares a las de un largometraje. Esta desdibujada línea entre formatos ha empujado al cine a intentar diferenciarse con más minutos en pantalla, una lógica que hoy solo el cine independiente parece desafiar con regularidad.
Sin embargo, el público parece estar llegando a su límite de paciencia. Según un estudio realizado por Talker Research en abril de 2024, que encuestó a dos mil estadounidenses, la audiencia prefiere pasar mucho menos tiempo en las salas de lo que los grandes estudios suponen. Solo un escaso 2% de los consultados considera aceptable que una película supere las dos horas y media, mientras que apenas un 15% está dispuesto a ver un filme que alcance las dos horas.

Claro, la percepción de que "más es mejor" sigue dominando las oficinas de los productores, como lo demuestran las cifras de taquilla de gigantes como Avatar o Avengers. Esta búsqueda de estatus a través del reloj fue explicada por expertos en la materia. Dana Polan, profesor de estudios cinematográficos en la Tisch School of the Arts de la NYU, comentó a Variety: “La mayoría de las películas largas podrían promocionarse como especiales y prestigiosas... Existía la suposición de que la duración equivalía a la calidad”.
Esta tendencia se ha acelerado drásticamente en el último lustro. Según datos compartidos por Statista: “En 2023, la duración promedio de las 10 películas más taquilleras en los Estados Unidos y Canadá ascendió a 143 minutos (2 horas y 23 minutos). Esta cifra es casi 30 minutos superior al promedio registrado en 2020”.

Anque la industria se empeñe en entregarnos epopeyas que rozan las tres horas para justificar su presupuesto y su búsqueda de estatuillas, el estudio de Talker Research es contundente al situar la medida ideal en los 92 minutos. Para quien escribe, quizás sea posible extenderla hasta los 100 o 105 minutos (1 hora y 40 ó 45 minutos); lo suficiente para sumergirse en otro mundo, pero lo bastante breve para no agotar la experiencia.