24/02/2026 - Edición Nº1113

Internacionales

Tensión política

Cuba al límite: el pronóstico de Rafael Rojas que inquieta a La Habana

21/02/2026 | El historiador analiza el cruce entre crisis interna, sanciones externas y protestas sociales que reconfiguran el tablero político de la isla.



La discusión sobre el futuro político de Cuba volvió a instalarse en el centro del debate regional tras las recientes declaraciones del historiador Rafael Rojas. En un contexto marcado por presión económica externa y deterioro estructural interno, la isla enfrenta una coyuntura que combina fatiga social y tensión geopolítica. La crisis ya no puede atribuirse exclusivamente a factores externos, sino a décadas de decisiones económicas centralizadas que han erosionado la productividad y limitado la iniciativa privada. La pregunta central dejó de ser si habrá cambios, y pasó a ser si el sistema político actual está dispuesto a permitirlos.

Rojas sostiene que no existen señales inmediatas de una intervención militar extranjera, pero sí un esquema de presión sostenida que condiciona cada movimiento del gobierno cubano. Sin embargo, el peso de las sanciones no explica por sí solo el colapso de servicios básicos ni la precariedad energética persistente. El malestar social se alimenta tanto de la escasez como de la falta de libertades políticas y canales institucionales de reclamo, lo que incrementa la incertidumbre y expone límites estructurales del modelo. En ese marco, el margen de maniobra del oficialismo aparece restringido no solo por el entorno internacional, sino por la pérdida progresiva de legitimidad interna.

Cuba 


Cuba, oficialmente República de Cuba, es un estado soberano, insular, ubicado en las Antillas del mar Caribe.

Reforma o resistencia estratégica

El núcleo del planteamiento de Rojas se concentra en la disyuntiva entre reforma pragmática o continuidad rígida del modelo. Según su lectura, la supervivencia del sistema dependerá de la capacidad de introducir cambios económicos y abrir espacios de negociación externa sin perder cohesión interna. La reforma aparece como una necesidad estructural más que como una opción voluntaria, frente a un aparato estatal que durante años postergó transformaciones profundas. Persisten sectores que privilegian la disciplina ideológica sobre la eficiencia económica, aun cuando el costo social se vuelve cada vez más visible.

Esta tensión interna se proyecta sobre la sociedad civil, donde el desgaste económico ha derivado en protestas intermitentes en distintas provincias. Las manifestaciones no responden únicamente a consignas políticas tradicionales, sino a reclamos concretos vinculados a electricidad, alimentos y salarios. La protesta social revela un agotamiento acumulado y una ciudadanía que comienza a cuestionar abiertamente la narrativa oficial, obligando al gobierno a optar entre mayor control o apertura limitada. La estabilidad ya no depende solo de factores externos, sino de la capacidad del poder político de admitir responsabilidades.


Rojas alerta que la rigidez del régimen agrava la crisis cubana.

Escenarios posibles

El cruce entre presión internacional y malestar interno configura un escenario de transición incierta. Si el gobierno opta por reformas parciales, podría reducir tensiones inmediatas pero abrir demandas más profundas de apertura política que hoy intenta contener. Si elige reforzar la línea de resistencia, es probable que consolide su núcleo duro, aunque al costo de profundizar la crisis económica y acelerar la emigración. La legitimidad del sistema se encuentra en un punto crítico, tensionada por resultados concretos más que por consignas históricas.


Presión externa y fallas internas debilitan al gobierno cubano.

Para Rojas, el futuro de Cuba no estará determinado exclusivamente por Washington ni por decisiones aisladas del liderazgo en La Habana. La evolución dependerá del equilibrio entre control estatal, adaptación económica y capacidad de diálogo. El desafío central radica en reconocer que la presión externa actúa sobre un modelo previamente debilitado por su propia rigidez, y que sin reformas estructurales profundas el margen de estabilidad continuará reduciéndose. En ese equilibrio inestable se juega la viabilidad política de la isla en los próximos años.