La oficialización de la lista única provincial del PJ bonaerense, encabezada por Axel Kicillof, selló una síntesis política en la conducción partidaria, aunque el cierre dejó al descubierto que la lógica de unidad no logró bajar de manera uniforme al territorio. En once municipios habrá competencia interna, en elecciones que no sólo definen autoridades formales sino también correlaciones de fuerza entre los principales espacios del peronismo bonaerense.
Detrás de cada interna subyace una disputa política más amplia: el equilibrio entre el armado del kicillofismo, la gravitación de La Cámpora, estructuras sindicales y expresiones territoriales con autonomía propia.
La interna enfrentará a Juan Debandi, dirigente identificado con La Cámpora, y a Alejandro Federico Collia, referenciado en sectores alineados con el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y la construcción política liderada por Axel Kicillof.
La disputa refleja un patrón repetido en varios distritos: La Cámpora defendiendo posiciones de conducción partidaria frente a armados que buscan reconfigurar la representación local bajo el paraguas del kicillofismo.
El escenario presenta a Claudio David Román, actual presidente partidario y vinculado al esquema político del intendente Lucas Ghi, y a Paula Natalia Majdanski, dirigente alineada con La Cámpora y respaldada por el espacio que responde al ex funcionario K, Martín Sabbatella.
La particularidad moronense es estructural: gran parte del músculo político local se referencia en Nuevo Encuentro, lo que introduce una dinámica distinta a la de otros PJ distritales y relativiza el peso tradicional de los alineamientos provinciales.
El distrito exhibe la interna más atomizada, con tres listas en competencia:
La elección funciona como un test de fuerzas entre líneas internas que, aunque conviven dentro del mismo frente político, no lograron sintetizar conducción.
La competencia entre Santiago Maggiotti y Romina Mabel Re expresa una tensión más localizada. Maggiotti representa el armado del peronismo tradicional distrital, mientras que Re aparece vinculada al esquema político del oficialismo municipal.
Aquí la interna no se ordena tanto por grandes terminales provinciales sino por lógicas estrictamente territoriales.
La disputa entre Martín Lobos y Ramiro Fernando Ramallo refleja diferencias en la estructuración de la conducción partidaria local. Ambos espacios provienen del peronismo distrital, aunque con distintos vínculos hacia la conducción provincial.
El enfrentamiento entre Ana María Almirón y Leandro Matilla contiene una lectura más amplia. Almirón es identificada con sectores del peronismo alineado al kirchnerismo, mientras que Matilla expresa un armado con anclaje territorial propio y acuerdos diferenciados.
Jorge Abel Fernández y Nicolás Miguel Rosas protagonizan una interna clásica de conducción, donde confluyen sectores del peronismo tradicional y expresiones con reconfiguración generacional.
En General Pueyrredón competirán:
La elección marplatense reedita la tensión histórica entre la estructura camporista y otros sectores del peronismo local que buscan disputar centralidad.
La contienda incluirá tres expresiones:
El distrito combina tensiones orgánicas con un componente procedimental que terminó ampliando la competencia.
En Coronel Suárez, la conducción partidaria se definirá entre María Alesandra Santarossa y Damián Alberto Meier, en una interna que responde principalmente a la dinámica del peronismo distrital y no a una confrontación directa entre grandes terminales provinciales.
En Tornquist, la competencia enfrentará a Alberto José Musso y Juan Carlos Gisler, en un escenario de características similares, donde la disputa se estructura alrededor del liderazgo territorial y la organización partidaria local.
Las internas del PJ bonaerense revelan que la unidad provincial operó como contención estratégica, pero no como disciplinamiento pleno. Allí donde confluyen liderazgos competitivos, estructuras militantes autónomas y disputas históricas, la competencia partidaria emergió como mecanismo inevitable.
Más que una anomalía, el fenómeno expone una característica estructural del peronismo bonaerense: la tensión constante entre conducción centralizada y poder territorial.