Cada 21 de febrero se conmemora el Día Internacional para la Protección de los Osos del Mundo, una fecha dedicada a generar conciencia sobre la conservación de estos mamíferos y los ecosistemas que habitan. Aunque no responde a un hecho histórico puntual, la jornada fue instalada por organizaciones ambientales y calendarios ecológicos para reforzar la agenda global de protección de la fauna silvestre.
En el mundo existen ocho especies de osos distribuidas en América, Europa y Asia:
Oso pardo (Ursus arctos). Es la especie con mayor distribución geográfica: América del Norte, Europa y Asia. Incluye subespecies como el grizzly y el oso kodiak.

Oso polar (Ursus maritimus). Habita el Ártico y está altamente especializado en la caza de focas sobre el hielo marino. Es una de las especies más afectadas por el cambio climático.

Oso negro americano (Ursus americanus). Se encuentra en Canadá, Estados Unidos y México. Es la especie más numerosa del continente americano.

Oso negro asiático (Ursus thibetanus). También llamado oso tibetano o de collar, vive en bosques de Asia oriental y sudoriental.

Oso andino (Tremarctos ornatus). Único oso de Sudamérica. Habita la cordillera de los Andes y está catalogado como Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Oso malayo (Helarctos malayanus). Es el más pequeño de los osos. Vive en el sudeste asiático y enfrenta fuerte presión por pérdida de hábitat y tráfico ilegal.

Oso perezoso (Melursus ursinus). Se distribuye principalmente en India y Sri Lanka. Se alimenta en gran medida de termitas y hormigas.

Oso panda gigante (Ailuropoda melanoleuca). Endémico de China. Aunque su estado de conservación mejoró en la última década gracias a programas de protección, sigue siendo dependiente de la conservación del bambú.

Varias de estas especies enfrentan amenazas crecientes vinculadas a la deforestación, la expansión urbana, la caza furtiva y el cambio climático, factores que reducen su territorio y fragmentan sus poblaciones.
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), varias especies presentan distintos niveles de riesgo. El oso andino (Tremarctos ornatus), único oso nativo de Sudamérica, figura como Vulnerable debido a la pérdida de hábitat en la región andina. En Asia, el oso malayo y el oso perezoso también enfrentan presiones significativas.
Durante 2025, campañas en América Latina reforzaron el trabajo con comunidades rurales para prevenir la caza y promover la coexistencia. En 2026, el eje comunicacional se amplió hacia la restauración de corredores biológicos y la protección de bosques nativos, considerados clave para la supervivencia de estas especies.
Los osos cumplen un papel ecológico estratégico. Son considerados “especies paraguas”: proteger su hábitat implica conservar amplias extensiones de territorio que benefician a numerosas especies adicionales. Además, participan en la dispersión de semillas y contribuyen a la regeneración natural de los bosques.
En ecosistemas de montaña, como los Andes, el oso andino actúa como regulador biológico y modelador del paisaje. En regiones árticas, el oso polar funciona como indicador del estado del hielo marino y del impacto del calentamiento global.
Organizaciones como el World Wide Fund for Nature (WWF) desarrollan cada año contenidos educativos, informes técnicos y actividades de sensibilización vinculadas a esta fecha. La estrategia apunta a fortalecer la educación ambiental y promover legislación protectora.
Es importante no confundir esta jornada con el Día Internacional del Oso Polar, que se celebra el 27 de febrero y está centrado exclusivamente en esa especie ártica. La fecha del 21 de febrero abarca a todas las especies y promueve una mirada integral sobre su conservación.