Yamil Ostrovsky pasó por El Living de NewsDigitales en un encuentro que permitió recorrer la vida de uno de los grandes exponentes del movimiento en Argentina. Con una formación que comenzó en el barrio y se consolidó en los escenarios más importantes del mundo, el coreógrafo compartió su visión sobre la danza como un oficio de entrega absoluta.
Durante la entrevista, destacó que su motor sigue siendo la curiosidad y el trabajo riguroso: “El profesionalismo no es solamente cobrar por hacer lo que uno hace, sino es disciplina, es seriedad, es conciencia”.
La llegada de la danza a la vida de Ostrovsky fue temprana y marcada por el cine. Según relató, a los cuatro años quedó impactado al ver una película de Jim Kelly y le manifestó a su madre su deseo de bailar. “Como al año, pues yo seguía mirando esas películas, mi mamá me preguntó: ¿todavía querés? Sí”, recordó sobre sus inicios en una academia de barrio en Villa Luro, donde comenzó con clases de tap y español.
En aquel entonces, Yamil era el centro de atención de los actos escolares: “Era la estrellita, aparte era gracioso porque tenía el pelo 'al ovalada', entonces me peinaban a la gomina... estaba en todos los actos”.

Su camino profesional dio un vuelco definitivo cuando descubrió la danza contemporánea en el Teatro San Martín. Al ver una obra de Juan Cervera con el ballet de la institución, supo que ese era su lugar. “Vi algo que no sabía qué era lo que estaba viendo que me fascinó... dije: yo quiero esto y ahí es donde me puse las pilas para audicionar para el taller”, explicó.
En ese espacio formativo conoció a quien sería su gran referente, socio y amigo: Oscar Araiz. Para Ostrovsky, Araiz es una figura central que le brindó innumerables posibilidades y con quien continúa trabajando hasta la actualidad.
Ostrovsky fue pionero en utilizar la denominación de "teatro físico" en el país para definir su búsqueda artística, la cual se alejaba tanto de la danza-teatro como de las estructuras clásicas.
Su primera incursión bajo este concepto fue la puesta de Los 7 locos, basada en la novela de Roberto Arlt. “Había como una pulsión de que tenía que hacer... el texto no podía no estar”, señaló sobre aquel montaje de 1997, donde buscaba una definición que aclarara al público y a la prensa que lo que verían no era danza tradicional.
Esta necesidad de comunicar lo llevó a abordar temas de profundo compromiso social, como la tragedia de la AMIA. Su obra 180794 nació de su propia experiencia el día del atentado, cuando se acercó a ayudar en medio del caos. “El planteo del trabajo era que haya más nacimientos que muertes... que también sirva para no repetir”, detalló sobre una pieza que fue representada incluso frente a los familiares de las víctimas en la puerta de tribunales.
Según el coreógrafo, el movimiento permite tocar fibras que las palabras no alcanzan: “El movimiento tiene esa magia que va directo acá... toca desde otro lugar”, dijo señalando su corazón.
Durante su paso por El Living de NewsDigitales, Yamil recordó su enriquecedora experiencia trabajando en Japón, un país que "rompe las estructuras" por su particular lógica de respeto y disciplina. Relató con asombro cómo una bailarina japonesa pidió disculpas a sus compañeras por haber faltado a un ensayo: “Le pidió disculpas a sus compañeras porque al haber faltado ella atentó contra el trabajo grupal”.
Esta visión del arte como un equipo donde cada pieza es fundamental es algo que Ostrovsky intenta transmitir a sus alumnos en la Universidad de San Martín (UNSAM).
En la UNSAM, junto a Oscar Araiz, acompaña a los estudiantes de la Licenciatura en Artes Escénicas en su proceso de crecimiento. “Es maravilloso verlos evolucionar y crecer y definirse, definir más sus voces, definir más sus perfiles como artistas”, comentó sobre su labor docente.

Para él, la formación no es solo técnica, sino una asunción de compromiso: “Si vos lo vas a tomar como un hobby, nunca va a dejar de ser un hobby”.
Actualmente, el coreógrafo se prepara para el estreno de "Mozart Des-Concertado", un espectáculo que define como un "concierto escénico" irreverente y universal que se presentará los días 27, 28 y 29 de marzo en el Palacio de Libertad.
La propuesta, que celebra los 270 años del genio de Salzburgo, prescinde de las palabras para potenciar la música en vivo y el juego escénico con títeres y danza. “Va a tener ese espíritu... una cosa irreverente de Mozart, que es maravillosa”, adelantó entusiasmado.
Al reflexionar sobre el futuro y el paso del tiempo, Ostrovsky aseguró que no se imagina lejos de las artes escénicas. Aunque le resulta difícil proyectarse a largo plazo, sabe que su pasión lo mantendrá activo, ya sea creando, enseñando o gestionando. “Yo entro a dar clases y la vida se queda afuera. O sea, coreografío y la vida se queda afuera”, concluyó, reafirmando que el ritual del espectáculo en vivo sigue siendo un evento único e irrepetible que merece ser defendido.