El primer audio fue directo. No hablaba de droga. No mencionaba cocaína. Pero todo estaba implícito. “Mientras más original la ves a la chata, cuando va a un control, más pasás desapercibido, ¿viste?”. La frase forma parte de una causa que investiga a cinco gendarmes que daban indicaciones a narcos sobre cómo acondicionar los vehículos para evitar que la carga fuera detectada.
Los agentes, que están siendo juzgados en Salta, formaban parte de un grupo de WhatsApp llamado “Los Peluches”. Allí intercambiaban audios quienes hoy están sentados en el banquillo: Jonathan Leonel Ostapowicz, Richar Ariel Delgado, Diego Hernán Delgado, Gabriel Osvaldo Ruíz Apaza, Adrián Emilio Escarlata, Federico Rubén Batista y Francisco Agustín Flores.
Según la acusación, en ese chat coordinaban los dos transportes de cocaína que terminaron con 303 kilos secuestrados en mayo de 2024 en General Pizarro y otros 31 en octubre en El Naranjo. “Quiero que tengas en cuenta, si queda muy playito la parte de atrás, va haber problema, ¿viste? Tiene que tratar de hacerle bien el laburo”, se escucha en otro de los audios.
El objetivo era no dejar rastros. No modificar la apariencia. “Tiene que estar lo más original posible y bien hecho el trabajo”, insistían.

La droga tenía nombre propio dentro de la organización. La llamaban “celulares”. “Le hacen un cajoncito adentro, le comen la gomaespuma, ¿viste?, y ahí entran unos cuantos ‘celulares’”, explicaban sobre uno de los métodos de ocultamiento.
También había instrucciones sobre cómo actuar frente a las fuerzas de seguridad. “Bueno, ya sabés, sos de la ‘Urisanti’ Santiago…”, recomendaban, en alusión a una unidad de inteligencia. Y agregaban: “Si preguntan… tu viejo enfermo, enferma, tuvo un accidente, lo que sea. Ahí le ponés la historia que vos quieras”.
El traslado debía ser informado en cada etapa. “Soy Coco estoy en viaje te aviso cuando estoy instalado”, indicaban que debía avisar el conductor.
Del otro lado, el seguimiento era constante. “Mandame un dedito algo, para yo saber que va todo bien, ¿viste?”.
Cuando los viajes terminaban sin controles, el tono cambiaba. Aparecía el festejo. “Hijo de chula… entraron esos dos, siete, cero (270), sin problema”, celebraron en uno de los audios.
El reconocimiento también formaba parte de la dinámica interna. “Pasaste como el mejor cabo primero de la Nación”, le dijeron a uno de los imputados.
El dinero circulaba con la misma naturalidad. “Decile a ‘Pichón’ que le voy a pedir también 6… 2 para vos, 2 para ‘Pichón’ y 2 para mí”.
En las conversaciones, el negocio se presentaba como un proyecto. “Vamos que la empresa tiene que ir pum para arriba”, afirmaban. Y lo definían como “la asociación, el microemprendimiento”.
Las escuchas fueron incorporadas como prueba en el juicio oral que se desarrolla en el Tribunal Oral Federal 2 de Salta. Para la fiscalía, las grabaciones permiten reconstruir cómo funcionaba la organización y el rol que cumplía cada uno de los acusados.
En uno de los mensajes, la frase resume la lógica del grupo: “Todo sea por el futuro de la asociación”.
Ese audio, como los demás, quedó registrado. Como parte de una investigación que ahora se escucha en voz alta.