La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner decidió desplazar a Sergio Berni de la intervención del PJ de Salta y colocar en su lugar al exdiputado Pablo Kosiner, dirigente cercano al exgobernador Juan Manuel Urtubey. La movida busca ordenar el partido en una provincia atravesada por fuertes tensiones internas y cortar vínculos con legisladores que colaboran con el oficialismo libertario.
El cambio se resolvió en una reunión de la conducción nacional del Partido Justicialista, donde crecía el malestar por el rol de diputados salteños que, pese a haber llegado al Congreso por listas peronistas, dieron quórum y acompañaron iniciativas centrales del presidente Javier Milei.
En el foco quedaron los diputados Pablo Outes y Yolanda Vega, cercanos al gobernador Gustavo Sáenz, quienes votaron a favor de la reforma laboral impulsada por el oficialismo. Sus respaldos volvieron a resultar determinantes para compensar la falta de mayoría propia del Gobierno en la Cámara baja.
La nueva intervención partidaria responde a una lógica que el kirchnerismo empezó a aplicar en distintas provincias: disciplinar a los dirigentes que, aun dentro del peronismo, sostienen acuerdos parlamentarios con la Casa Rosada. El antecedente inmediato fue el caso de la senadora Carolina Moisés, suspendida como afiliada tras romper con el interbloque justicialista que conduce José Mayans.
Detrás de la decisión también aparece la disputa política salteña. El desembarco de un hombre de Urtubey reconfigura el equilibrio interno del PJ provincial y abre una confrontación directa con Sáenz, uno de los gobernadores dialoguistas que mantiene acuerdos legislativos con Milei junto a mandatarios como Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil. El mensaje hacia el interior del peronismo es claro: el respaldo parlamentario al Gobierno tendrá costos partidarios.