El comienzo de 2026 muestra dos dinámicas que avanzan en paralelo en la economía argentina: estabilidad cambiaria y entusiasmo financiero por un lado; señales más frías en la actividad real, por el otro.
El dólar baja, el Banco Central compra reservas y el mercado accionario reacciona positivamente. Pero, al mismo tiempo, caen importaciones productivas, se enfría la recaudación y aumenta con fuerza la morosidad en el sistema financiero.
Dos velocidades. Dos dinámicas que todavía no se encuentran.
La semana corta cerró con el dólar mayorista en $1.376, el nivel más bajo en cuatro meses y más de 15% por debajo del techo de la banda cambiaria.
El Banco Central compró USD 167 millones en la última rueda y acumuló USD 323 millones en la semana. Las reservas internacionales crecieron USD 1.348 millones y alcanzaron los USD 46.261 millones.
El Merval subió 2,3% en dólares, con fuerte impulso de bancos y energéticas.
En el frente financiero, la narrativa es clara: orden macro, ancla cambiaria firme y acumulación de reservas.
En enero, la balanza comercial registró un superávit de USD 1.987 millones, el mejor enero en más de tres décadas. Las exportaciones crecieron 19,3% interanual.
Sin embargo, las importaciones cayeron 11,9%.
La clave está en qué se está importando menos:
Piezas y accesorios de bienes de capital: -32,4%
Bienes intermedios: -23,4%
Combustibles y lubricantes: -21%
Bienes de capital: -8,3%
Son insumos directamente vinculados a la producción.
En paralelo, crecieron los bienes de consumo y se dispararon las importaciones de vehículos. El superávit externo es sólido, pero parte del resultado refleja menor dinamismo productivo.
El Gobierno comenzó el año con superávit primario y financiero, reforzando su principal ancla.
Pero los ingresos fiscales muestran señales de desgaste. En enero, los recursos tributarios retrocedieron en términos reales, y el resultado positivo se explicó en parte por ingresos extraordinarios.
Del lado del gasto, el ajuste continuó concentrándose en obra pública, programas sociales y salarios públicos.
El equilibrio fiscal se mantiene, pero con menor impulso por el lado de los ingresos y con un impacto contractivo sobre la actividad.
*Dada una baja real interanual de los ingresos totales del 1%, el gobierno nacional arrancó el año 2026 con una baja real interanual del gasto primario del 0,7%*
— Nadin Argañaraz (@NadinArganaraz) February 18, 2026
Del análisis de la ejecución presupuestaria base caja del Sector Público Nacional no Financiero (SPNNF) del mes de… pic.twitter.com/RHmmn25l2p
El dato más sensible aparece en el sistema financiero.
A diciembre de 2025, la irregularidad en el sector privado pasó del 1,5% al 5,5% en apenas un año. La morosidad prácticamente se cuadruplicó.
En el desagregado, las familias alcanzaron un 9,3% de irregularidad, el nivel más alto en al menos 15 años. Las empresas llegaron al 2,5%. En ambos casos, la proporción de deudores en problemas se multiplicó por más de tres.
El fenómeno es particularmente fuerte en los préstamos personales y tarjetas de crédito:
12% de las familias no pudo pagar préstamos personales (frente a 3,3% un año antes).
9,3% no pudo afrontar tarjetas de crédito (frente a 1,9% el año anterior).
Son niveles incluso peores que los observados en la pandemia.
La morosidad creciente no sólo refleja dificultades en los hogares, sino que también anticipa restricciones futuras al crédito. Sin crédito sano, la recuperación de la actividad se vuelve más compleja.
El contraste es evidente.La Argentina financiera muestra estabilidad cambiaria, acumulación de reservas y recuperación bursátil.La Argentina real exhibe caída de importaciones productivas, menor dinamismo en la recaudación y un deterioro acelerado en la capacidad de pago de familias y empresas.
La estabilización cambiaria es una condición necesaria para ordenar la macroeconomía. Pero todavía no se traduce en una mejora sostenida en los engranajes centrales de la actividad.