Este 23 de febrero celebra su cumpleaños Mirtha Legrand, una figura que no necesita presentación y que, a los 99 años, sigue siendo sinónimo de televisión en vivo, almuerzos interminables y frases que ya son parte del archivo cultural argentino.
Nacida como Rosa María Juana Martínez en Villa Cañás, provincia de Santa Fe, inició su carrera artística siendo apenas una adolescente. Con su hermana gemela Silvia adoptó el apellido artístico que marcaría una época y comenzó un recorrido que la llevaría a convertirse en una de las personalidades más influyentes del espectáculo nacional.
Durante las décadas de 1940 y 1950 fue una de las grandes estrellas del cine argentino. Participó en más de 30 películas y trabajó con figuras centrales de la industria en tiempos en que la pantalla grande era el principal escenario de consagración.

Entre sus títulos más recordados se encuentran Los martes, orquídeas, que la consolidó como actriz juvenil, y La pequeña señora de Pérez, donde afianzó su perfil de comedia sofisticada. Aquella etapa la instaló como referente del llamado “cine de oro” argentino.

En 1968 dio un giro que cambiaría su carrera y la historia de la televisión local: debutó con el programa Almorzando con Mirtha Legrand. El formato, sencillo en apariencia —una mesa, invitados y conversación— se convirtió en un clásico que atravesó dictaduras, democracias, crisis económicas y cambios tecnológicos.

Con el paso del tiempo, el ciclo mutó en La Noche de Mirtha, adaptándose a nuevas audiencias sin perder su esencia. Por su mesa pasaron presidentes, artistas, empresarios y referentes sociales. La conductora consolidó un estilo directo, con preguntas incisivas y una impronta que mezcla protocolo, espectáculo y actualidad.

Con más de cinco décadas ininterrumpidas al aire (con breves pausas obligadas por razones políticas o sanitarias) Legrand se convirtió en una de las conductoras con mayor permanencia en la televisión mundial. Su nombre quedó asociado a la idea de continuidad en un medio caracterizado por la volatilidad.
A lo largo de su carrera recibió múltiples reconocimientos, entre ellos premios Martín Fierro y distinciones a la trayectoria. Sin embargo, su mayor capital es otro: haber transformado una mesa televisiva en un espacio de debate público donde conviven el espectáculo y la política.
En tiempos de plataformas y consumo fragmentado, su figura funciona como puente entre generaciones. Para algunos, es memoria viva del siglo XX; para otros, un ícono pop que sigue marcando agenda.
A los 99, Mirtha Legrand no es solo una conductora. Es una institución cultural. Y en la Argentina, eso no se jubila.