El 23 de febrero se conmemora en la Argentina el Día del Tambero, una fecha dedicada a visibilizar la tarea diaria de quienes trabajan en los tambos y sostienen uno de los eslabones centrales de la cadena agroalimentaria. Desde la ordeñe hasta el cuidado sanitario del rodeo, su labor impacta de manera directa en el abastecimiento de leche y derivados en todo el país.
La efeméride busca reconocer un oficio que combina tradición rural con innovación tecnológica. En las últimas décadas, la producción lechera incorporó sistemas de ordeñe automatizados, monitoreo digital del ganado y mejoras en genética y alimentación, transformando la dinámica histórica del tambo argentino.
Argentina es uno de los principales productores de leche de América Latina. Según datos del sector, la actividad se concentra principalmente en provincias como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, donde miles de establecimientos generan empleo directo e indirecto y dinamizan las economías regionales.

El tambero no solo ordeña vacas: gestiona recursos, controla la sanidad animal, planifica la alimentación y enfrenta variables como el clima, los costos de insumos y la volatilidad de precios. Es una actividad de alta exigencia física y técnica, con jornadas que comienzan antes del amanecer y se repiten todos los días del año.
La leche es materia prima para productos de consumo masivo como quesos, yogures, manteca y dulce de leche. Detrás de cada uno de ellos hay un proceso que empieza en el campo. El Día del Tambero funciona así como una oportunidad para poner en primer plano el origen de esos alimentos cotidianos.

En un contexto de desafíos económicos y productivos, la fecha también invita a debatir sobre sustentabilidad, bienestar animal y agregado de valor en origen. Sin tamberos, no hay leche; sin leche, se resiente una parte esencial de la dieta argentina. La conmemoración, más que simbólica, recuerda la base productiva que sostiene a millones de hogares.