El 23 de febrero de 2019, Natacha Jaitt fue hallada muerta en el salón de eventos Xanadú, en Benavídez, partido de Tigre. Tenía 41 años. La escena (su cuerpo desnudo sobre una cama) disparó especulaciones inmediatas y convirtió el caso en uno de los más comentados del año.
La autopsia oficial determinó que la causa de muerte fue una falla multiorgánica y un edema agudo de pulmón, compatibles con el consumo de cocaína y alcohol. No se detectaron signos de violencia externa ni lesiones defensivas. Con el avance de pericias toxicológicas y testimonios, la fiscalía sostuvo la hipótesis de una sobredosis.
Según la reconstrucción judicial, Jaitt había asistido al lugar para reunirse con dos hombres con quienes planeaba organizar eventos. Durante la madrugada consumieron alcohol y drogas. En algún momento, la mediática se descompensó. Las personas presentes declararon que se retiraron a descansar y que más tarde advirtieron que no reaccionaba.
La causa pasó por distintas instancias periciales. Se intentó acceder a dispositivos electrónicos (incluido un iPad) para verificar si contenían información relevante. Sin embargo, los análisis no aportaron pruebas de intervención de terceros. En 2023 y 2024, la Justicia avanzó hacia el archivo del expediente por inexistencia de delito.

La familia, encabezada públicamente por su hermano Ulises Jaitt, cuestionó desde el inicio la investigación. Denunció presuntas inconsistencias en la preservación de la escena y sostuvo que la muerte debía investigarse como posible homicidio. Esos planteos no prosperaron en sede judicial.
Antes de convertirse en figura controversial por sus acusaciones, Jaitt había construido una carrera como modelo, vedette y panelista. Participó en programas de alto rating y cultivó un perfil provocador. Su exposición creció en ciclos televisivos de debate y espectáculos.
El punto de inflexión llegó en 2018. En el programa de Mirtha Legrand, Jaitt realizó denuncias públicas sobre presuntas redes de abuso sexual vinculadas al fútbol y a figuras del periodismo. Mencionó nombres propios en vivo, lo que generó un terremoto mediático inmediato.
También utilizó intensamente redes sociales para advertir que temía por su vida. En un mensaje que luego se viralizó, escribió que no se suicidaría y que, si algo le ocurría, no había sido un accidente. Ese tuit fue citado reiteradamente tras su muerte.
AVISO: No me voy a suicidar, no me voy a pasar de merca y ahogar en una bañera, no me voy apegar ningún tiro , así que si eso pasa, NO NO FUI. Guarden tuit 🙄.
— Natacha Jaitt (@NatachaJaitt) April 5, 2018
En abril de 2018 estalló una causa judicial por abuso sexual de menores vinculada a divisiones juveniles del club Club Atlético Independiente. Jaitt afirmó tener información sobre una red más amplia que involucraría a empresarios y comunicadores.
Si bien el expediente sobre Independiente avanzó con procesamientos y condenas contra algunos imputados por delitos sexuales, las acusaciones más amplias lanzadas por la mediática no derivaron en imputaciones directas contra las figuras públicas que ella mencionó en televisión.
Esa distancia entre denuncia mediática y prueba judicial alimentó dos narrativas opuestas: quienes la consideraban una denunciante silenciada y quienes sostenían que realizaba acusaciones sin sustento probatorio suficiente.
Jaitt también fue protagonista de enfrentamientos con periodistas, conductores y políticos. Sus intervenciones combinaban datos, insinuaciones y declaraciones explosivas. Esa estrategia le garantizaba centralidad, pero también debilitaba la percepción de veracidad en ciertos sectores.

En paralelo, se presentaba como activista contra la pedofilia y el abuso. Afirmaba manejar información sensible sobre supuestas redes de corrupción. Sin embargo, gran parte de ese material nunca fue formalizado en tribunales antes de su muerte.
La consecuencia fue una figura profundamente polarizada: para algunos, una mujer que expuso tramas que incomodaban al poder; para otros, una mediática que operaba en el límite entre denuncia y espectáculo.
Encontraron muerta a Natacha Jaitt. Le había pedido ayuda al Presidente de la Nación. Actrices Argentinas le dieron la espalda por ser anti K. Mercedes Ninci anunció que iba a terminar como Nisman. Ya está muerta, como la Justicia, como la República. Q.E.P.D #JusticiaxNatacha https://t.co/TrOis43jO4
— Abogadodijo (@AbogadoDijo) February 23, 2019
A siete años de su muerte, el expediente judicial quedó encaminado al cierre bajo la hipótesis de sobredosis accidental. No hubo imputados por homicidio ni se acreditó participación de terceros según la prueba recolectada.
Sin embargo, el caso sigue reapareciendo en redes sociales y debates televisivos cada aniversario. La combinación de denuncias previas, advertencias públicas y una muerte en circunstancias asociadas al consumo consolidó un relato que excede lo estrictamente judicial.

El nombre de Natacha Jaitt permanece asociado a una pregunta que todavía divide aguas: si fue una víctima de sus propios excesos o una denunciante que no logró (o no pudo) trasladar sus acusaciones del prime time a la prueba penal. La Justicia dio su respuesta. La discusión pública continúa.