La política francesa volvió a tensarse luego de que la Rassemblement National presentara una moción de censura contra el gobierno encabezado por el primer ministro Sébastien Lecornu. El motivo es la reciente adopción de una ley que fija los objetivos energéticos de Francia para los próximos años.
La iniciativa, sin embargo, tiene pocas probabilidades de prosperar. El Partido Socialista, que se convirtió en un actor decisivo dentro de una Asamblea fragmentada, ya adelantó que no acompañará el intento de derribar al Ejecutivo. Sin esos votos, la moción difícilmente alcance la mayoría necesaria.

El primer ministro Sébastien Lecornu defiende la estrategia energética ante las críticas de la oposición y busca sostener al gobierno en minoría.
Qué cambia la nueva estrategia
El gobierno presentó este mes un plan energético largamente postergado. Entre sus principales puntos se destacan:
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Reducción de algunas metas vinculadas a energías renovables.
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Reversión del mandato anterior que obligaba a cerrar 14 reactores nucleares.
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Alivio financiero para la empresa estatal Électricité de France.
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Consolidación de la energía nuclear como eje central del sistema eléctrico.
Francia es uno de los países más dependientes de la energía nuclear en el mundo desarrollado. Aproximadamente el 70% de su electricidad proviene de centrales atómicas, lo que históricamente le permitió mantener precios relativamente estables y menor dependencia de combustibles fósiles importados.
El Ejecutivo sostiene que, en un contexto internacional marcado por crisis energéticas y tensiones geopolíticas, reforzar la producción nuclear es una cuestión de soberanía y seguridad de suministro.

El diputado socialista Jérôme Guedj anunció que su partido no apoyará la moción de censura, subrayando la necesidad de estabilidad institucional.
Las críticas de la oposición
La líder del RN, Marine Le Pen, acusa al gobierno de haber evitado un debate parlamentario amplio al implementar el plan mediante decreto. Según su postura, la nueva hoja de ruta podría traducirse en mayores costos para hogares y empresas. La discusión no es solamente técnica. También es política.
El gobierno carece de mayoría parlamentaria y ha debido recurrir en varias oportunidades a herramientas constitucionales para sortear bloqueos legislativos, especialmente durante la aprobación del presupuesto. En ese escenario, cada ley relevante se convierte en una prueba de supervivencia política.
Un país con mayoría fragmentada
Desde las últimas elecciones legislativas, ningún bloque domina la Asamblea Nacional. El oficialismo gobierna en minoría, la izquierda está dividida y la extrema derecha consolidó un espacio con peso propio.
El diputado socialista Jérôme Guedj explicó que su partido prioriza la estabilidad institucional y no el “caos”, lo que deja al gobierno a salvo, al menos por ahora.
La moción de censura aparece entonces más como un gesto político fuerte que como una amenaza real de caída inmediata. Sin embargo, evidencia la fragilidad del escenario francés: cada reforma estructural abre una nueva batalla parlamentaria. Francia enfrenta así un doble desafío. Por un lado, redefinir su modelo energético en un contexto global incierto. Por otro, sostener la gobernabilidad en un sistema político cada vez más fragmentado y polarizado.