24/02/2026 - Edición Nº1113

Opinión


Economía real y modelo productivo

FATE y el espejismo de la competitividad

24/02/2026 | El caso FATE desnuda una discusión pendiente: cómo construir un entorno de escala, reglas estables y cooperación entre capital y trabajo en la Argentina.



La planta cerró un martes. No hubo anuncio oficial, no hubo foto en los diarios. Solo el silencio de una planta que en algún momento fabricó los neumáticos de medio país y que ahora es otro dato en la estadística de la desindustrialización argentina. FATE, que nació en 1940 y comenzó a producir neumáticos en 1945, llegando a emplear a miles de trabajadores en San Fernando, bajó definitivamente su producción. El episodio sería apenas una anécdota si no fuera porque explica, con una precisión casi quirúrgica, por qué Argentina lleva décadas destruyendo lo que construye.

La tentación fácil es buscar un culpable: la apertura importadora, la falta de crédito, los sindicatos, el dólar. Todos tienen algo de razón. Ninguno tiene toda la razón. El problema de FATE no empezó cuando llegaron los neumáticos chinos. Empezó mucho antes, cuando nadie se preguntó si tenía sentido producir 12.000 neumáticos de diversos tipos por día cuando el umbral mínimo para ser competitivo a escala global ronda las 40.000 unidades y solamente en una o dos líneas de producto. Esa pregunta incómoda es la que Argentina nunca quiso hacerse.

En la industria del neumático, como en casi toda manufactura compleja, la competitividad no es una cuestión de esfuerzo sino de tecnología, escala e integración.

La tecnología para el desarrollo y posterior producción de neumáticos ha cambiado significativamente en los últimos años. FATE quedó sola, sin socio internacional, sin tecnología actualizada y a merced de la impiadosa competencia de productores de China y del Sudeste Asiático que ya producen más del 60% de la oferta global (cuando sólo consumen el 25% de la demanda). Muchos de esos jugadores, cuya ventaja competitiva años atrás era la mano de obra barata, han experimentado una evolución dramática en tecnología, calidad y performance, que incluso les ha permitido quitarle una buena parte de la participación mundial a los cuatro productores más grandes del mundo (Bridgestone, Michelin, Goodyear y Continental). Estos se concentran hoy en neumáticos sustentables y premium, venden a terminales automotrices y capturan valor en el mercado de reemplazo. Al mismo tiempo, reconociendo la creciente dificultad para competir en un océano rojo, diversifican sus inversiones en soluciones digitales de movilidad y en aplicaciones avanzadas de la tecnología polimérica.

Las plantas eficientes del mundo no solo producen más: están conectadas en redes de especialización internacional donde cada fábrica se concentra en lo que mejor hace e intercambia con otras, aprovechando también la escala como ventaja competitiva a la hora de negociar insumos. Quienes pertenecen a multinacionales forman parte de un sistema integrado y ventajoso. FATE peleaba sola, representando una cuota ínfima de la producción mundial.

Argentina construyó plantas que producían “un poco de todo” para un mercado interno demasiado chico para justificarlas. Cuando el mercado se abrió plenamente, la desnudez quedó expuesta. Pero la apertura no creó el problema: lo reveló.

Esto no significa que abrir la economía sea incorrecto. Los consumidores, transportistas y productores agropecuarios argentinos, entre otros usuarios, financiaron durante años a la industria del neumático pagando hasta el triple del precio internacional. El verdadero interrogante no es apertura o protección. Es otro: ¿qué condiciones necesita una empresa para poder competir desde este suelo?

Entorno argentino

El gobierno nacional celebra, con razón, el equilibrio fiscal. Después de décadas de déficit crónico, el superávit es una condición imprescindible para cualquier proyecto serio. Pero es sólo el punto de partida. El superávit oxigena al paciente; no garantiza que pueda caminar o correr.

Mientras se bajan aranceles para forzar la reducción de precios, se mantiene el Impuesto al Cheque, que penaliza la formalidad. A nivel provincial, Ingresos Brutos grava en cascada cada eslabón de la cadena productiva, aumentando entre un 8,5% y un 11% los costos de un fabricante local.

A ello se suman tasas municipales que poco tienen que ver con los servicios efectivamente prestados. El caso Ternium en Ramallo ilustra este punto. El municipio pretendió cobrar tasas de Seguridad e Higiene calculadas por empleado en montos que no tienen ninguna relación con el servicio prestado. El argumento implícito de estas tasas es siempre el mismo: la empresa no tiene a dónde ir. Pero esa lógica pertenece a otro siglo. Hoy el capital se mueve. El talento se mueve. Y cuando el costo de estar en "esta tierra" se vuelve confiscatorio, las empresas simplemente eligen otra tierra. Así fue el olvidado caso de Goodyear que cerró su planta en Argentina, de la noche a la mañana, en Noviembre de 1998.

El mercado laboral tampoco refleja la realidad que describe la ley que está a punto de aprobarse. Sólo el 35% del empleo es formal tradicional. El resto se reparte entre informalidad y monotributo. En ese contexto, mantener aportes compulsivos del 2% a organizaciones sindicales y contribuciones adicionales a cámaras sectoriales implica cargar sobre el empleo formal peajes que el informal no paga.

El problema no es sectorial. Es sistémico.

El sector de servicios digitales y economía del conocimiento, potencial ventaja competitiva de Argentina, ofrece una demostración clara. Montar una estructura formal en el país para contratar talento local implica un costo cercano al 70% sobre el salario. Hacerlo desde Uruguay o España, contratando a los mismos argentinos como monotributistas, ronda el 6%. No es una cuestión de patriotismo empresarial. Es matemática. Mientras esa brecha exista, el talento será exportado antes de desarrollarse.

Relación empresa-trabajo

En los países maduros se habla de capitalismo de stakeholders: empresas que crean valor compartido para accionistas, trabajadores, clientes y comunidad. La colaboración es condición necesaria para competir.

La realidad argentina muestra demasiadas veces otra dinámica. La relación empresa-trabajador debería ser ganar-ganar, pero se transforma en una suma de desconfianzas. En 2001, Bridgestone Argentina logró, tras un proceso complejo, acuerdos de productividad y un sistema de participación en utilidades que alineó incentivos. No fue sencillo, pero mostró que es posible.

En el caso de FATE, la relación sindical se volvió crecientemente conflictiva. Paros imprevistos, cierre simultáneo de plantas del sector, pérdida de credibilidad ante terminales y distribuidores. Muchos trabajadores, con su voto, optaron por una conducción más confrontativa. El resultado fue una industria paralizada en momentos críticos.

Sin previsibilidad, sin acuerdos mínimos y sin confianza mutua, ningún accionista -local o extranjero- se arriesga a invertir para ganar escala y modernizar tecnología.

Trampa sistémica (Equilibrio de Nash)

Detrás de cada uno de estos problemas hay actores racionales en lo individual y disfuncionales en conjunto.

La Nación necesita recursos. Las provincias también. Los municipios defienden sus tasas. Los sindicatos protegen sus fuentes de financiamiento. Parte del empresariado busca protección antes que competencia. Todos actúan de manera comprensible desde su interés inmediato. Pero el resultado agregado es destructivo. Es lo que en teoría de juegos se denomina un Equilibrio de Nash perverso: nadie tiene incentivos para moverse primero aunque todos pierdan si nadie se mueve.

FATE cerró y sus accionistas honraron sus deudas e indemnizaciones. Otras empresas podrían no hacerlo. El riesgo no es un cierre aislado. Es la consolidación de un sistema donde cada actor protege su posición y el conjunto pierde relevancia.

Definición estratégica de país

Argentina parece requerir un acuerdo marco de desarrollo aprovechando nuestras ventajas competitivas, que permita definir qué país queremos tener. Ello haría viable crecer a tasas positivas continuas como no lo hemos hecho desde hace alrededor de 100 años.

Una visión compartida y aspiracional de país es absolutamente necesaria para dar un marco de previsibilidad; para que los inversores y la sociedad decidan lo que tienen que decidir.

¿Invertirán locales y extranjeros en Argentina si el impacto de la apertura sin baja de impuestos y regulaciones que oxigene la competitividad termina en pérdidas de empleo que lleve a que el próximo gobierno camine en dirección opuesta? ¿No pasó ya y retiradas veces que un esfuerzo en una dirección termina con políticas en sentido contrario?

Conclusiones

FATE no es solo la historia de una empresa que no pudo adaptarse. Es la señal de que Argentina debe decidir si quiere participar de la nueva configuración global o seguir administrando su propia excepción.

El equilibrio fiscal ordena la partitura. Pero no compone la música.

Sin escala, sin integración internacional, sin un sistema tributario que premie la formalidad y sin una relación madura entre capital y trabajo, cada apertura será una emboscada y cada cierre una sorpresa anunciada.

La pregunta ya no es quién tiene la culpa. La pregunta es quién está dispuesto a moverse primero para romper este equilibrio perverso. El verdadero riesgo no es la apertura. Es la irrelevancia.

Argentina tiene ventajas reales: talento, recursos naturales, capacidad industrial acumulada y la posibilidad de adaptarse rápidamente para crear trabajo a partir de nuevos conceptos como por ejemplo la industria alimenticia de alto valor agregado. Pero ninguna ventaja compite si el sistema penaliza a quien produce y protege al que se adapta a medias.

La salida no es cerrar ni abrir. Es reformar para competir.

Y eso exige consensos mínimos, valentía y liderazgo.

 

Por Sergio Candelo y Eduardo Minardi*

  • Sergio Candelo, execonomista, cofundador de Snoop Consulting y ejecutivo del sector tecnológico. Fue presidente de la Cámara de Software (CESSI) y del Project Management Institute (PMI) Chapter Buenos Aires.
  • Eduardo Minardi, empresario y sparring de Líderes, director no-ejecutivo de emrpesas (Madrid, Londres, Buenos Aires); expresidente de Bridgestone en Argentina, México, América Latina, EE.UU. y Canadá; Europa y Medio Oriente, Africa y Rusia. Exmiembro de Comité Ejecutivo Global de Bridgestone Corporation en Japón.