La consagración de Francisco Cerúndolo en Buenos Aires y de Tomás Etcheverry en Río de Janeiro no son hechos aislados, sino parte de una tradición que se remonta hasta Guillermo Vilas. El marplatense fue el pionero y máximo referente de la pelotita amarilla en nuestro país, con 62 títulos ATP y conquistas inolvidables como Roland Garros y el US Open en 1977. Su legado abrió el camino para que Argentina se convirtiera en una potencia en polvo de ladrillo.
El tenis argentino volvió a ser protagonista con el histórico triunfo de Tomás Etcheverry en el ATP de Buenos Aires. El platense conquistó su primer título en el circuito y sumó el número 239 para Argentina en la Era Abierta, consolidando al país como la nación más ganadora de Sudamérica.
Olé, olé, olé, olé
— Tennis TV (@TennisTV) February 23, 2026
Etche, Etche
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La historia comenzó con Guillermo Vilas, pionero y máximo ganador argentino, dueño de 62 títulos ATP que incluyen conquistas memorables en Roland Garros y el US Open de 1977. Vilas no solo abrió el camino, sino que convirtió al tenis en un fenómeno popular en Argentina, marcando un antes y un después en la historia del deporte.
La magnitud de Guillermo Vilas trasciende los números: fue el primer argentino en conquistar un Grand Slam y el gran embajador del tenis nacional en el mundo. Su temporada de 1977, con 16 títulos y una racha de 46 victorias consecutivas, sigue siendo una de las más impresionantes de la historia del deporte. Además, alcanzó la final en tres de los cuatro grandes y fue número 2 del ranking mundial, aunque investigaciones posteriores demostraron que debió haber sido reconocido como número 1. Su estilo combativo, su carisma y su capacidad para popularizar el tenis en Argentina lo convirtieron en una auténtica leyenda, comparable con los más grandes de todos los tiempos.
Detrás de Willy se ubica José Luis Clerc, segundo en la lista histórica con 25 títulos, figura clave de los años 80 y protagonista de duelos inolvidables frente a los mejores del mundo, incluso con su recordada competencia frente al marplatense (foto arriba). Su estilo elegante y su capacidad para jugar en grandes escenarios consolidaron la presencia argentina en el circuito internacional.
Más allá de su estadística, "Batata" fue uno de los grandes protagonistas del tenis mundial durante esa década. Alcanzó el N.º 4 del ranking ATP en 1981 y llegó a las semifinales de Roland Garros en dos ocasiones, consolidándose como un especialista en arcilla
Un poquito más tarde se unió Martín Jaite, con 12 títulos ATP y cuartos de final en Roland Garros, y Guillermo Pérez Roldán, especialista en arcilla con 9 títulos y presencia en los cuartos de final de París. Ambos fueron referentes de la transición hacia los 90, manteniendo viva la tradición argentina en la gira europea.
El tenis femenino tuvo a Gabriela Sabatini como ícono indiscutible. Campeona del US Open 1990 y del Masters femenino, Sabatini llevó el nombre de Argentina a lo más alto y se convirtió en una de las jugadoras más influyentes de su generación, abriendo también un capítulo inolvidable para el deporte nacional.
Más allá de su título en Estados Unidos, fue el reflejo para millones de chicas argentinas que veían en ella no sólo a una ídola, sino también a una mujer que cumplía sus sueños. Fue, durante más de una década, protagonista del tenis femenino hasta su retiro a los 26 años. Y en ese lapso tan pequeño alcanzó el N.º 3 del ranking WTA en 1989 y disputó tres finales de Grand Slam, incluyendo Roland Garros 1988 y Wimbledon 1991, además de una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

La década de los 90 también tuvo a Alberto Mancini, campeón en Montecarlo y Roma, con presencia en los cuartos de final de Roland Garros. Su potencia y estilo ofensivo lo convirtieron en uno de los jugadores más destacados de esa etapa, consolidando la tradición argentina en arcilla.
La generación de los 2000, por su parte, estuvo marcada por lo que muchos llamaron "La legión argentina", encabezada por Guillermo Coria (finalista de Roland Garros 2004 y dueño de 9 títulos), y por David Nalbandian (campeón del Masters de Shanghái 2005 tras vencer a Roger Federer en la final), alcanzando ambos el número 3 del ranking mundial. Nalbandian, con 11 títulos y finalista de Wimbledon 2002, demostró una versatilidad única y fue protagonista en todas las superficies, sobre todo por ser el único tenista en la historia en haber vencido al Big Three en un mismo torneo.
Sin embargo, el capítulo más inesperado y emocionante llegó con Gastón Gaudio, quien en 2004 protagonizó una final histórica de Roland Garros frente al Mago. En un duelo íntegramente argentino, el Gato remontó dos sets en contra y se consagró campeón, convirtiéndose en el primer argentino en ganar el Grand Slam parisino desde Vilas en 1977. Su título quedó grabado como uno de los momentos más memorables del tenis nacional y como símbolo de la profundidad del talento argentino en arcilla.

En esos años también se destacó Guillermo Cañas, con 7 títulos ATP y victorias memorables sobre Federer en 2007, símbolo de garra y combatividad. Pero el gran salto internacional llegó con Juan Martín del Potro, campeón del US Open 2009 y medallista olímpico. Con 22 títulos ATP, su potencia y carisma lo convirtieron en uno de los jugadores más queridos del circuito. Su triunfo en Nueva York fue uno de los hitos más grandes del tenis argentino en el siglo XXI.
Más recientemente, Diego Schwartzman mantuvo la bandera en alto con su regularidad y títulos en distintas superficies. Su semifinal en Roland Garros 2020 y sus victorias ante grandes figuras confirmaron que Argentina sigue siendo competitiva en la élite del tenis mundial.

La nueva camada está liderada por Francisco Cerúndolo (títulos en Bastad, Eastbourne, Umag y Buenos Aires) y por Sebastián Báez, que ya suma 7 conquistas en el circuito, incluyendo Río de Janeiro por duplicado y Santiago de Chile. Ambos representan la continuidad de una tradición que se renueva y que mantiene a Argentina en el mapa del tenis global.
Finalmente, el triunfo de Tomás Etcheverry en Río de Janeiro consolida a la nueva legión argentina, que ya acumula 14 de esos 239 campeonatos. Además, su consagración le permitió escalar 18 lugares en el ranking y lo devuelve al top 40, confirmando que que nuestro país ha construido una tradición que combina talento, pasión y resiliencia, ocupando un lugar destacado en la historia de la Era Abierta.