Hace exactamente 15 años, en 2011, Amado Boudou lanzaba en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el Frente Nacional Peronista con la expectativa de convertirse en el candidato del kirchnerismo a jefe de Gobierno porteño.
Por entonces ministro de Economía, Boudou se mostraba decidido a disputar el poder al PRO en su principal bastión electoral y buscaba posicionarse como la principal alternativa oficialista en la Capital Federal.
Sin embargo, aquel proyecto político terminaría teniendo un desenlace muy distinto al imaginado en ese momento.
El acto central de lanzamiento se realizó en el salón Gaudí del hotel NH, en el barrio de San Telmo, y estuvo marcado por un tono fuertemente confrontativo con la gestión de Mauricio Macri, entonces jefe de Gobierno porteño.
Ante un auditorio colmado, Boudou lanzó una frase que sintetizó el espíritu de su campaña: “Macri no debe ni soñar con volver a gobernar esta ciudad”.
En la misma línea, cuestionó con dureza al oficialismo porteño y afirmó que su gestión “no tiene ni corazón, ni agallas, ni inteligencia, ni ganas de trabajar”.
Además, sostuvo: “Nunca se hacen cargo de nada y cada vez que hay un problema, miran para el costado y le echan la culpa a otro”.
El objetivo era claro: instalar una disputa directa con el PRO y presentarse como la principal alternativa kirchnerista en la Ciudad.
Durante su intervención, Boudou centró parte de sus cuestionamientos en los problemas urbanos, especialmente en la recolección de residuos y la limpieza.
En ese sentido, señaló que los dirigentes del PRO “se presentan como los candidatos del orden y la ciudad es un gran desorden”.
También recurrió a la ironía para cuestionar las obras del macrismo: “La obra más emblemática fueron las bicisendas”, dijo, e invitó a “poner a una persona con un contador para ver cuántas bicicletas pasan por día”.
Estas declaraciones buscaban contrastar la gestión porteña con una propuesta que, según el ministro, apuntaría a una planificación más integral.
El lanzamiento del Frente Nacional Peronista no fue un hecho aislado. Previamente, Boudou había realizado otro acto en el sindicato SMATA, con el respaldo del líder de la CGT, Hugo Moyano, y del ministro de Planificación, Julio De Vido.
En San Telmo, además, estuvo acompañado por un nutrido grupo de intendentes del conurbano bonaerense, lo que buscaba mostrar volumen territorial y apoyo político.
Entre los presentes se destacaban jefes comunales y dirigentes alineados con el kirchnerismo, en una señal de respaldo a su precandidatura.

En 2011, Boudou no era el único aspirante del oficialismo para competir en la Ciudad. En la interna del kirchnerismo también se encontraban el entonces ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y el senador Daniel Filmus.
El acto de lanzamiento buscaba consolidar a Boudou como el principal referente del espacio en territorio porteño y fortalecer su posicionamiento frente a sus competidores internos.
En ese momento, el ministro se mostraba convencido de que podía encabezar la boleta en una de las elecciones más difíciles para el peronismo.
Más allá de las críticas, Boudou también delineó algunos ejes de su eventual gestión.
Entre sus principales propuestas mencionó:
Sobre este último punto, afirmó que era necesario “darle tarea y conducción”, aludiendo a episodios recientes como el conflicto en Villa Lugano.
Pocos meses después de aquel lanzamiento, el escenario político cambió por completo.
La entonces presidenta Cristina Kirchner decidió ungir a Boudou como su compañero de fórmula para las elecciones presidenciales.
De ese modo, el ministro dejó de lado su proyecto porteño para integrar la boleta nacional del Frente para la Victoria.
La candidatura en la Ciudad quedó finalmente en manos de Daniel Filmus, quien enfrentó a Macri en los comicios locales.

La elección porteña de 2011 terminó con una derrota contundente del kirchnerismo. Filmus perdió holgadamente frente a Macri, que logró su reelección como jefe de Gobierno.
En contraste, a nivel nacional, Cristina Kirchner y Boudou obtuvieron un triunfo histórico, con más del 54% de los votos, uno de los resultados más amplios desde el regreso de la democracia.
Así, mientras el oficialismo consolidaba su poder en el plano nacional, volvía a quedar relegado en la Ciudad de Buenos Aires.