El avance de la causa por el violento asalto a la abuela influencer Mónica Mancini llevó a los investigadores hasta un lugar inesperado: el interior de una celda. Allí, en el penal bonaerense de Melchor Romero, encontraron el elemento que ahora aparece como una pieza central para reconstruir cómo se organizó el ataque y quiénes lo coordinaron.
Se trata de un teléfono celular que estaba en poder de Lucas Ezequiel Mereles, señalado como uno de los líderes de la denominada “Banda del Millón”, una estructura criminal acusada de cometer robos millonarios en el norte del conurbano bonaerense. Según la investigación, el detenido no solo tenía el dispositivo, sino que lo habría utilizado para dar órdenes durante el asalto, pese a estar alojado en una unidad penitenciaria.
El aparato, un Samsung A32 color celeste con funda negra, fue secuestrado durante un allanamiento en el pabellón. Uno de los datos que más sorprendió a los investigadores es que el teléfono figuraba registrado dentro del penal, con una identificación que indicaba su pertenencia a un interno, lo que confirmaba que no se trataba de un objeto clandestino.

El análisis forense del dispositivo permitió acceder a una gran cantidad de material que, según fuentes judiciales, compromete seriamente a la organización. Entre los archivos hallados había capturas de pantallas con domicilios marcados en aplicaciones de geolocalización, fotografías de armas de fuego y registros de transferencias de dinero vinculadas al robo de Mancini.
También aparecieron imágenes tomadas dentro de la propia unidad penitenciaria y comprobantes que evidenciarían la coordinación del ataque. De acuerdo con la pesquisa, el sistema utilizado consistía en identificar posibles objetivos, estudiar sus movimientos y luego ejecutar los golpes con apoyo logístico desde distintos puntos, incluida la cárcel.
Uno de los elementos más relevantes son los videos y audios recuperados. En uno de ellos, los delincuentes exhiben el botín obtenido tras el asalto. En otro, se observa la vigilancia previa de la vivienda de la víctima. Además, los peritos encontraron mensajes de voz en los que se describía la modalidad de selección de los objetivos.
La investigación, a cargo del fiscal general adjunto de San Isidro, Patricio Ferrari, también vincula a la banda con otros hechos de gravedad, entre ellos homicidios y robos de alto impacto. Los mensajes extraídos del teléfono revelaron, además, el uso de bases de datos y herramientas digitales para obtener información sobre posibles víctimas.

El contenido del celular también permitió establecer que el ataque a Mancini habría sido planificado días antes. En distintas conversaciones se hacía referencia a viviendas con dinero en efectivo y a la logística necesaria para concretar los asaltos.
Otro aspecto que surgió de los peritajes es que el acusado habría intentado destruir el teléfono antes de que fuera secuestrado. Sin embargo, no logró eliminar todos los archivos, lo que permitió a los investigadores recuperar información clave.
Para los investigadores, el hallazgo confirmó que la organización mantenía capacidad operativa incluso con sus principales referentes detenidos.