Desde una celda y con un historial que ya acumulaba décadas tras las rejas, Pablo Nicolás Camino escuchó este martes la decisión que terminó de definir su destino judicial. El recluso de 31 años, señalado como jefe de una célula ligada a la banda narco Los Monos, fue condenado a prisión perpetua por ordenar el secuestro y asesinato de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito.
El fallo fue dictado por el tribunal integrado por los jueces Facundo Becerra, Andrés Rodríguez y Valeria Pedrana, que lo consideraron responsable de haber instigado el doble crimen ocurrido el 19 de julio de 2022 en un descampado del barrio Cabin 9, en la localidad de Pérez, en las afueras de Rosario.
Camino no llegó al juicio como un desconocido para la Justicia. Antes de esta sentencia, ya acumulaba 40 años de prisión por causas vinculadas a homicidios, balaceras y asociación ilícita. Sin embargo, el veredicto conocido ahora lo coloca en una situación aún más comprometida, al quedar condenado a la pena máxima prevista por el Código Penal.
Junto a él también fueron condenados su ex pareja, Melisa Negro, y dos integrantes de su organización, Lucas Martín Castillo y Willian Alberto Espinoza López, señalados como piezas clave en la ejecución del plan. En cambio, otra mujer acusada en el expediente fue absuelta por el beneficio de la duda, aunque continuará detenida por otra causa por venta de droga.
Para el fiscal Patricio Saldutti, el crimen expuso el funcionamiento interno de una estructura criminal que actuó con precisión. Lo definió como “un hecho extremadamente grave y despiadado” y sostuvo que ese día se evidenció “el más violento y despiadado funcionamiento aceitado de una estructura criminal con roles claramente definidos”.

Según la acusación, el trasfondo del ataque estuvo marcado por conflictos personales y amenazas previas. Marianela Gorosito había mantenido una relación sentimental con Camino, mientras que su hermana Estefanía había tenido un vínculo con otro de los integrantes de la organización. Cuando Marianela decidió terminar la relación, comenzaron las presiones, que incluyeron reclamos por una supuesta deuda y episodios de violencia.
La investigación reconstruyó que ambas mujeres fueron engañadas para que acudieran a un punto de encuentro en Rosario, donde fueron obligadas a subir a un vehículo bajo amenazas. Allí les quitaron sus pertenencias y las trasladaron hasta un descampado en Pérez.
En ese lugar, el ataque fue brutal. Marianela recibió ocho disparos y Estefanía, cinco. Murieron en el acto como consecuencia de las heridas de arma de fuego. Sus cuerpos fueron encontrados al día siguiente por un transeúnte.
Tras el crimen, uno de los ejecutores fue detenido casi de inmediato durante un control de Gendarmería, mientras que otros miembros de la organización lograron escapar momentáneamente y fueron capturados meses después.
La condena a perpetua no cierra el frente judicial de Camino. El recluso aún enfrenta otras investigaciones, entre ellas una causa en la que fue imputado como presunto instigador de un ataque a tiros contra un supermercado perteneciente a la familia de Antonela Roccuzzo.
El fallo conocido ahora representa uno de los golpes más duros contra la estructura criminal que operaba en el oeste rosarino y deja al descubierto, una vez más, el alcance de las organizaciones que continúan funcionando incluso con sus jefes detenidos.