Fue una de las figuras más explosivas de los escenarios argentinos en los 90 y los primeros años del 2000. Hoy, dos décadas después de haberse alejado del medio, Yanina Zilli vuelve a quedar en el centro de la escena con un desafío inesperado: su ingreso a Gran Hermano Generación Dorada.
Durante su etapa como vedette, Zilli supo construir un nombre propio en una época donde el teatro de revista y los programas nocturnos marcaban agenda. Integró el fenómeno de Rompeportones, el ciclo humorístico que combinaba sketches, humor picaresco y figuras femeninas que rápidamente se convertían en íconos populares. También fue parte de espectáculos como Petardos, donde el brillo, las coreografías y la impronta sensual eran protagonistas.
En televisión, además, tuvo fuerte presencia en segmentos de alto voltaje estético, como los clips eróticos que realizaba en Versus y otros ciclos de la época, donde el formato mezclaba música, competencia y una puesta en escena provocadora. Eran tiempos en los que la figura de la vedette ocupaba un lugar central en el espectáculo argentino, y Zilli fue una de las caras más recordadas de ese fenómeno.
Sin embargo, en pleno auge decidió correrse del foco. Dejó los escenarios y la televisión para dedicarse de lleno a la crianza de sus dos hijos, priorizando la vida familiar por sobre la exposición mediática. Su retiro fue total: pocas apariciones, bajo perfil y una distancia marcada del ambiente artístico.
Ahora, veinte años después, su nombre vuelve a sonar fuerte. La posibilidad de verla conviviendo 24 horas bajo cámaras, en un reality donde la estrategia y la personalidad pesan tanto como la historia previa, representa un giro rotundo en su carrera. De los escenarios de revista a la casa más famosa del país, Yanina Zilli enfrenta un regreso que mezcla nostalgia, curiosidad y una gran pregunta: ¿cómo será su versión 2026 frente a una generación que quizás solo la conoce por archivo?