Suiza se prepara para un referéndum que podría marcar un punto de inflexión en su modelo demográfico y en su inserción europea. La iniciativa denominada “No a una Suiza de 10 millones”, impulsada por el Partido Popular Suizo (SVP), propone establecer mecanismos obligatorios para frenar el crecimiento poblacional si el país supera determinados umbrales antes de 2050. Con una población actual cercana a los 9,1 millones y un alto porcentaje de residentes extranjeros, el debate trasciende lo estadístico y se instala en el centro de la política nacional.
El SVP argumenta que el crecimiento demográfico reciente —muy superior al promedio de los países vecinos de la Unión Europea— ha generado presión sobre el mercado inmobiliario, infraestructuras y servicios públicos. La propuesta obligaría al Gobierno a restringir nuevas entradas, incluidos solicitantes de asilo y reunificación familiar, si se superan los 9,5 millones de habitantes. En un escenario extremo, si la cifra alcanzara los 10 millones sin revertirse, el Ejecutivo debería abandonar el acuerdo de libre circulación con la UE.
El impacto económico es el eje central de la oposición a la iniciativa. Aproximadamente la mitad de las exportaciones suizas se dirigen al mercado comunitario, lo que convierte a la UE en su principal socio comercial. Organizaciones empresariales advierten que limitar el ingreso de trabajadores extranjeros afectaría sectores estratégicos como sanidad, construcción, transporte, hostelería y servicios financieros.
Grandes compañías con presencia global han señalado que una eventual ruptura de acuerdos bilaterales podría comprometer el acceso al mercado único europeo y alterar el entorno de inversión. El Consejo Federal también se ha manifestado en contra de la medida, subrayando que el crecimiento demográfico responde en parte al envejecimiento poblacional y a la necesidad estructural de mano de obra cualificada.

Las encuestas muestran una sociedad dividida, con un respaldo significativo a la propuesta pero sin mayoría clara. El apoyo refleja inquietudes vinculadas a identidad nacional, sostenibilidad ambiental y presión sobre la vivienda, mientras que los detractores priorizan estabilidad económica y cooperación internacional.

Más allá del resultado puntual, el referéndum expone una discusión de fondo sobre el modelo de país. Suiza deberá decidir entre profundizar su integración económica con Europa o reforzar una agenda más restrictiva en materia migratoria y soberanía normativa. La votación no solo definirá un techo demográfico, sino también la orientación estratégica de la Confederación en las próximas décadas.