10/03/2026 - Edición Nº1127

Internacionales

Impacto digital

Demanda contra Meta y YouTube reabre debate por salud mental juvenil

26/02/2026 | Una joven testifica en California y acusa a las plataformas de haber agravado trastornos durante su infancia.



Una corte de California se convirtió en escenario de un caso que puede marcar un antes y un después en la relación entre tecnología y salud mental. Una joven identificada como Kaley GM subió al estrado para explicar cómo el uso de Instagram y YouTube desde la niñez habría afectado gravemente su desarrollo emocional.

Según la demanda, comenzó a utilizar YouTube a los 6 años e Instagram a los 9, y con el tiempo desarrolló trastornos psiquiátricos que incluyen depresión y trastorno dismórfico corporal. Su equipo legal sostiene que no se trata solo de una experiencia individual, sino del resultado de diseños deliberados orientados a mantener a niños y adolescentes conectados el mayor tiempo posible, priorizando modelos de negocio basados en publicidad.

En el juicio declaró la psicoterapeuta que la trató en 2019, cuando tenía 13 años. Inicialmente fue diagnosticada con trastorno de ansiedad generalizada, pero luego el cuadro se actualizó a fobia social y dismorfia corporal. La especialista no concluyó que las redes fueran la causa directa, aunque relató episodios reiterados de acoso en línea y una preocupación constante por su apariencia física. También recordó que la adolescente llegó a “eliminarse” de las plataformas en un intento por cortar el vínculo, aunque regresó más tarde.

Meta enfrenta un juicio en California por presunto impacto en la salud mental de una usuaria que comenzó a usar la plataforma en la niñez.

El debate jurídico se desplazó esta semana hacia una pregunta central: ¿fueron las características de las plataformas un factor sustancial en el deterioro de su salud mental? Para ganar el caso, sus abogados deberán demostrar que el diseño y operación de los servicios no fueron neutrales.

Entre los elementos señalados figuran la reproducción automática de videos, el desplazamiento infinito del contenido, los botones de “Me gusta” que refuerzan la validación social y los filtros de belleza que pueden distorsionar la autoimagen. Además, citaron estudios internos donde adolescentes con contextos familiares difíciles reconocieron usar Instagram de manera habitual o involuntaria.

Las empresas rechazan la acusación. El abogado de Meta mencionó antecedentes de abuso verbal y físico y una relación familiar tensa, incluyendo el divorcio de sus padres cuando ella tenía 3 años. Desde YouTube señalaron que la joven no utilizó herramientas disponibles para limitar comentarios o tiempo de uso, y presentaron registros que muestran que su consumo promedio diario de Shorts era de 1 minuto y 14 segundos, mientras que el tiempo dedicado a transmisiones en los últimos cinco años rondaba 29 minutos diarios.

El caso se inscribe en una reacción global contra las grandes tecnológicas por presuntos daños a menores. Algunos países ya adoptaron restricciones y otros estudian medidas similares. Sin embargo, incluso en el ámbito médico el debate sigue abierto: la “adicción a las redes sociales” aún no figura como diagnóstico formal en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, aunque muchos profesionales reconocen patrones problemáticos de uso.

Más allá del veredicto, el juicio pone bajo escrutinio no solo a dos compañías, sino a todo un modelo digital construido alrededor de la atención de los más jóvenes.