07/03/2026 - Edición Nº1124

Internacionales

Efeméride internacional

Los Cien Días de Napoleón: de la isla de Elba a la derrota en Waterloo

26/02/2026 | Tras su caída, el exemperador huyó del exilio, recuperó Francia por semanas y terminó derrotado en la famosa batalla.



Durante más de diez años, Napoleón Bonaparte fue el hombre más poderoso de Europa. Sus campañas militares expandieron la influencia francesa y modificaron fronteras, leyes y gobiernos en buena parte del continente. Pero en 1814, tras una serie de derrotas frente a una coalición de potencias europeas, fue obligado a abdicar.

En lugar de encarcelarlo, sus enemigos optaron por enviarlo al exilio a la isla de Elba, un pequeño territorio en el mar Mediterráneo, frente a la costa italiana. Allí conservó el título de emperador y gobernó esa isla diminuta, aunque sin el poder real que había tenido. Para muchos, su historia había terminado.


Vista de la isla de Elba, el pequeño territorio mediterráneo donde fue exiliado tras su primera abdicación.

Mientras tanto, Francia intentaba volver a la monarquía con el regreso de Luis XVIII. Sin embargo, el nuevo régimen no logró estabilizar del todo el país. Había malestar económico, tensiones políticas y un ejército que todavía sentía lealtad hacia su antiguo líder.

En ese contexto, Napoleón tomó una decisión audaz: el 26 de febrero abandonó Elba con un reducido grupo de seguidores y regresó a Francia. Lo que siguió fue un fenómeno político inesperado. A medida que avanzaba hacia París, las tropas enviadas para detenerlo se unían a su causa. Su figura seguía generando adhesión y temor en igual medida.

Así comenzó el período conocido como Los Cien Días, una breve etapa en la que recuperó el control del país y volvió a poner en alerta a las grandes potencias europeas, que estaban reorganizando el continente tras años de guerra. La respuesta fue inmediata. Se formó una nueva alianza militar para derrotarlo definitivamente. El enfrentamiento decisivo ocurrió en Waterloo, el 18 de junio de 1815, en la actual Bélgica. Allí, las fuerzas napoleónicas fueron vencidas por tropas británicas y prusianas, marcando el fin de su proyecto imperial.


La Batalla de Waterloo, enfrentamiento que selló su derrota definitiva y cambió el rumbo de Europa.

Tras esa derrota, Napoleón abdicó por segunda vez y fue enviado a un exilio mucho más lejano y estricto, en la isla de Santa Elena, en el Atlántico sur. Esta vez no habría retorno. Su escape desde Elba no fue solo una anécdota espectacular. Fue el último intento de un líder que había cambiado el rumbo de Europa y que, incluso derrotado, todavía tenía la capacidad de alterar la historia.

La fuga del 26 de febrero no fue simplemente una aventura personal. Representó el último intento de un líder que había marcado una época y que, incluso después de su caída, seguía siendo capaz de movilizar ejércitos y alterar el tablero europeo. Ese día sigue recordándose como uno de los episodios más audaces y decisivos de la historia moderna.