Marcelo Gallardo cerró su segunda etapa como técnico de River Plate con un triunfo por 3-1 frente a Banfield en un estadio Monumental que mezcló emoción, nostalgia y agradecimiento.
Desde la previa, el mensaje de la gente fue contundente. Banderas con la leyenda "Gracias eternas Muñeco" y ovaciones ensordecedoras recibieron al entrenador, quien decidió apostar por un equipo con fuerte presencia juvenil para su último encuentro.
Sin embargo, el cariño hacia el DT contrastó con la hostilidad hacia el plantel: el grito de "Jugadores, a ver si ponen huevo" retumbó en Núñez, evidenciando el descontento por la irregularidad de la campaña.
El partido tuvo momentos de alto voltaje emocional. Lucas Martínez Quarta abrió la cuenta y corrió directo al banco para fundirse en un abrazo con Gallardo, un gesto que sintetizó el respeto de los referentes hacia el conductor.

El empate transitorio de Mauro Méndez para Banfield sobre el cierre del primer tiempo trajo murmullos y silbidos, pero el complemento puso las cosas en su lugar.
Sebastián Driussi, uno de los apuntados por la hinchada, marcó el 2-1 y desató un nuevo "Muñeco, Muñeco" que bajó desde los cuatro costados. Finalmente, el juvenil Joaquín Freitas liquidó el pleito con el 3-1 definitivo, regalándole tranquilidad a un equipo que jugó con los nervios a flor de piel.
Con este triunfo, River alcanza los 10 puntos y se ubica quinto en la Zona B, metiéndose en zona de clasificación a los playoffs aunque a seis unidades del líder Independiente Rivadavia.
Justamente, la "Lepra" mendocina será el próximo rival este lunes, ya sin Gallardo en el banco y con la incertidumbre de quién tomará el timón. El final de la noche mostró a un Gallardo visiblemente emocionado, saludando con las manos juntas en señal de disculpa y gratitud. Se va el técnico, pero queda la historia. Y también queda un plantel bajo la lupa de una hinchada que no negocia la actitud.