El próximo 24 de marzo, los ciudadanos de Dinamarca acudirán a las urnas en unos comicios parlamentarios convocados por la primera ministra Mette Frederiksen, en un contexto atravesado por la disputa geopolítica en torno a Groenlandia y por crecientes tensiones internas vinculadas al costo de vida y el estado del sistema de bienestar.
La decisión de adelantar las elecciones llega después de meses de fricción diplomática con Estados Unidos por el renovado interés del presidente Donald Trump en anexar Groenlandia, territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca. Frederiksen respondió con una postura firme, movilizando apoyos europeos y defendiendo la soberanía danesa sobre la isla ártica, estratégica por sus recursos naturales y su posición en el Ártico.
En ese escenario, la mandataria planteó que el país enfrenta una etapa decisiva. “En los próximos cuatro años tendremos que valernos por nosotros mismos, como daneses y como europeos”, afirmó al anunciar la convocatoria. También sostuvo que será necesario “definir la relación con Estados Unidos” y reforzar la capacidad defensiva para garantizar la paz en el continente.
La crisis de Groenlandia reforzó el perfil internacional de Frederiksen, quien ya había ganado protagonismo durante la pandemia de COVID 19 y en el respaldo europeo a Ucrania frente a Rusia. Las encuestas reflejan que su gestión de la disputa ártica mejoró su imagen tras meses de desgaste por el aumento de los precios y las presiones sobre el Estado de bienestar.
Sin embargo, el panorama no es lineal. El actual gobierno es una inusual coalición multipartidaria formada en 2022 como gabinete de crisis, integrada por los socialdemócratas de Frederiksen, el Partido Liberal y los Moderados. Ese acuerdo rompió el tradicional esquema de bloques de izquierda y derecha en el país y ahora podría perder su mayoría parlamentaria, según varios sondeos.

El Partido Socialdemócrata, que obtuvo el 28% de los votos en las elecciones generales de 2022, cayó hasta el 17% en intención de voto a fines del año pasado y luego repuntó hasta el 22% tras el impulso generado por la crisis con Groenlandia. Aun así, viene de una derrota histórica en los comicios municipales de 2025, cuando perdió la alcaldía de Copenhague por primera vez en 87 años.
Entre las principales preocupaciones de los votantes aparecen los precios de los alimentos, la desigualdad, la situación de los servicios públicos y la inmigración. Una medida especialmente polémica fue la abolición en 2023 del tradicional feriado del Gran Día de Oración para financiar un aumento del gasto en defensa. Aunque la inversión militar cuenta con respaldo mayoritario, la eliminación del feriado generó malestar social.

La campaña también reabrirá el debate sobre inmigración. Frederiksen endureció las políticas migratorias desde su llegada al poder en 2019, una estrategia que le permitió captar votantes de derecha. En enero, el gobierno propuso flexibilizar normas de deportación para ciudadanos extranjeros condenados por delitos, aun a riesgo de tensiones con marcos europeos de derechos humanos.
Las elecciones del 24 de marzo pondrán a prueba si el electorado prioriza el liderazgo internacional y la defensa de la soberanía o si opta por castigar al gobierno por los problemas domésticos acumulados tras dos mandatos. En juego no solo está la continuidad de Frederiksen, sino el rumbo de un país que busca redefinir su lugar en un escenario global cada vez más incierto.