En las redes lo conocen como Magnus Mefisto. Pero en su entorno íntimo también. Ya casi nadie le dice Pablo Avendaño. De hecho, asegura que si le dicen Pablo, “es más difícil que me dé vuelta”. Dos décadas atrás, cuando YouTube no había explotado, cuando la palabra influencer no existía y lo que veíamos en una computadora eran los primeros memes y videos graciosos, a Magnus Mefisto se le ocurrió abrir un canal con ese nombre. Y le cambió la vida.
Magnus, hoy casado con la cosplayer Carolina Gatica (@kamikazecapilar), la vio donde no muchos tenían fe. “Al principio fue medio como amor al arte”, dice este youtuber que, como varios de los pioneros, venían del mundo audiovisual y tenían cierta experiencia en ese rubro. “Usábamos YouTube como una plataforma para mostrar lo que uno hacía. Yo tenía varios cortos grabados, entonces me metí a YouTube para decir, ‘subo los cortos que ya estuve haciendo’”, cuenta, pero, claro, después la vida lo llevó por otro lado.
Los primeros cuatro años fueron así. Había “una movida” pero seguía siendo un hobby que se sostenía con sus trabajos en el mundo real (una juguetería, un supermercado, una venta de cds pirata). El plan era mostrar su capacidad como realizador y que algún productor lo contratara para hacer una película. Pero las reglas de las redes cambian constantemente y hay que saber adaptarse. Y Magnus Mefisto lo logró.
“Se requería mucho amor al arte. De hecho, hoy en día hay muchos que empiezan y se frustran rápido porque entran con esa mentalidad, con la mentalidad de ‘voy a abrirme este canal de YouTube o este Instagram o lo que sea y lo voy a monetizar en tanto tiempo’. Y a veces no sigue. A mí me costó, por ejemplo, empezar a ver sustancialmente dinero, 8 años. A los 8 años recién de estar en YouTube empecé a ver dinero”, explica en su paso por El Living de NewsDigitales el youtuber que hoy tiene tres canales de YouTube (Magnus Mefisto, El día que, Dosmileros Y2K) que acumulan cerca de 4 millones de suscriptores.

Magnus se formó viendo videos de creadores de contenido (cuando todavía no se les decía así) como Smosh, Angry Video Game Nerd, Ray Williams Johnson. “Esa movida”, dice. Y a la par, se estaba formando la escuela mexicana, que quizás no fue tan anterior a la argentina pero sí fue mucho más grande. A Magnus Mefisto le vino perfecto: le dio un público muy fiel, capaz de ir a una reunión que convoca en una visita de tres días por la capital azteca.
“A mí me encanta México. Fui un montón de veces, a mí me encanta. Me enamoré del país. No solo es un país muy lindo, sino que tiene una cultura alternativa que está buenísima”, señala. En este contexto, se refiere puntualmente a culturas alternativa que aunque existen en Argentina, no tienen el impacto o la presencia que tienen en México, como los metaleros, los rockeros, los emos o los otakus.
“México siempre tuvo una cultura alternativa y fueron más abiertos a ciertas cosas diferentes que acá”, cuenta. Enseguida señala el destrato que hubo inicialmente para los que empezaron riéndose de YouTube. “Acá fue siempre medio una cultura muy… los ‘normis’, si se quiere, y más en esa época, en 2010. Lo que sonaba en música, lo que se consumía en TV, era otra cosa. Entonces era muy raro. De hecho, me acuerdo de entrevistas de esa época que nos hicieron, no sé, de CQC o de programas de tele, era siempre bardear, era era invitarte para bardearte”, explica.
Mientras piensan en cómo expandir el universo de canales bajo su pujante productora, se enfoca en lo que será saldar su deuda pendiente: la de guionista. Hace un tiempo lo convocó una productora que está por lanzar una plataforma de la que no puede contar demasiado, donde le propusieron escribir unas ficciones “en formato diferente”. Y ya entregaron el primero. “Para mí es una locura porque hacía mucho que no hacía ficción y siempre tuve ganas de hacer ficción. Siempre tuve ganas de volver a esa cosa de la escritura”, explica, mientras cuenta que lo ayudó muchísimo el “back-up en la cabeza de películas” que tiene de mirar por lo menos una por día.
A la par de este proyecto, sus canales siguen online. Pero ya los vive de otra forma. Sí, mira los números de sus métricas porque hay una estructura que sostener, con editores y guionistas que trabajan en sus tres canales. Hay que destacar que es un creador de contenido al que no le gusta trabajar con marcas y que prefiere vivir de los auspicios de YouTube. Entonces, no puede desprenderse al 100% de esas métricas. Pero, de nuevo, los mira con otros ojos.
“Al día de la fecha ya me siento satisfecho, o sea, siento que ya logré todo lo que quería, ya está. Que también en un punto me llevó… no sé si llamarlo crisis o algo, decir, ‘¿Qué es lo que sucede cuando ya logras lo que ya querías?’. Literalmente lo veo como el videojuego que ya lo di vuelta, ¿qué estoy haciendo? ¿las misiones secundarias? De hecho, ahora estoy como en búsqueda de otra faceta”, cuenta Magnus Mefisto. Tiene 41 años y no lo moviliza una aspiración de fama ni de llegar más arriba. Mucho menos la de repetirse. La de replicar una fórmula hasta el infinito.
“Uno de mis ídolos es, por ejemplo, el creador de Myspace, que vendió Myspace en una fortuna y desapareció, no sabemos dónde está”, sostiene. En esa misma sintonía, procede a resumir el mito de Ícaro: “¿Viste que ellos se hacen las alas para escapar del laberinto donde están metidos? Pero Ícaro al ver las alas dice, ‘¿qué pasa si me voy más arriba? ¿Qué pasa si vuelo al sol?’. Y por volar cerca del sol se le derriten las alas y se cae. Entonces, yo creo que hay un punto en la vida en la que vos decís: ‘Mi meta era salir del laberinto, no es volar cerca del sol, mantenete alejado del sol. Volá por arriba del laberinto y aterrizá y ya está. Cuando seguís teniendo aspiraciones, y más y más, ahí es donde empezás a sufrirla más, empiezan a surgir más problemas. Más metas y nunca disfrutás del viaje”.
No, Magnus aclara que no quiere “desaparecer del todo” como Tom Anderson, el creador de MySpace. Pero sí quiere vivir más tranquilo. “Logré el punto de despersonalizar la versión Magnus Mefisto anterior con la con la actual. O sea, al punto de… al haber cambiado el look. Haber cambiado todo, cambiar mi personalidad incluso un poco… que tiene que ver con los años, cuando pasan los años uno va cambiando y se convierte en otra persona. Es como todas las cosas que vivió fue otra otra persona. En las redes tengo como un chiste de decir, murió el actor que hacía de Magnus Mefisto, el del pelo rojo, ese murió allá por el 2019 más o menos, y me llamaron a mí para reemplazarlo. Logré una despersonalización en ese sentido, recordarlo como hubiera sido otra vida, otra persona persona la que vivió todo ese tipo de cosas. Hoy a razón de mi edad y a razón de las vivencias y todo estoy parado en otro lugar completamente distinto. No me hago problema por muchas cosas”, dice.
Ahora su búsqueda pasa por otro lado, por la de darle espacio a gente que trabajó con él y que está en una búsqueda similar a la que él empezó hace 20 años. “Hubo mucha gente que me ayudó y colaboró conmigo para que podamos lograr esto. ¿Qué pasa si se da vuelta ahora esto?”, se pregunta. Tiene en claro que está en una situación en la que no necesita decirle que sí a cuanta oferta le llegue pero no solo porque económicamente no lo precisa: “Sería muy egoísta de mi parte acaparar una oferta si yo no la quiero, porque por ahí hay otro que sí la necesita y por ahí sí necesita esa exposición ahora, yo no”, cuenta.

Con lo alternativo como bandera, la idea de Magnus Mefisto es convertirse en productor y empezar por los que estuvieron al lado suyo desde siempre. Sí, reconoce que el alternativo es el camino “más difícil”. Pero también subraya que “vale la pena sostenerlo”. Reconoce que hoy hay muchas más ideas alternativas dando vueltas y lo celebra: “Me gusta que haya hoy en día una apertura hacia lo hacia lo diferente, hacia lo lo alternativo”.
En este contexto, el plan es devolver un poco de lo que recibió durante años. “Hoy, como te digo, mi meta es lograr que mucha de la gente que trabajó conmigo logre establecerse en en redes y demás. Para mí sería como devolverles el favor. ‘Estuviste conmigo, me ayudaste cuando lo necesité, me diste una mano, te quedaste conmigo, entonces quiero devolvértelo’. Mi idea es eso”.
