05/03/2026 - Edición Nº1122

Internacionales

Escalada militar

Pakistán bombardea Kabul y los talibanes hablan de guerra abierta

28/02/2026 | Tras ataques cruzados en la frontera, crece el riesgo de un conflicto prolongado con impacto regional.



La tensión entre Pakistán y Afganistán alcanzó un nuevo pico tras una serie de bombardeos que impactaron en Kabul, Kandahar y otras ciudades clave bajo control del régimen talibán. Lo que comenzó como una cadena de acusaciones por ataques transfronterizos derivó en una confrontación directa que ambas partes describen como una situación cercana a la “guerra abierta”.

El gobierno paquistaní lanzó ataques con misiles aire tierra contra oficinas y puestos militares talibanes, en lo que definió como una respuesta a incursiones previas atribuidas a fuerzas afganas y a milicianos vinculados al Tehreek e Taliban Pakistan, conocido como TTP. Islamabad sostiene desde hace años que ese grupo utiliza territorio afgano como refugio para planificar atentados contra el Estado paquistaní. Kabul lo niega y acusa a su vecino de intentar desviar la atención de sus propios problemas de seguridad interna.

En la capital afgana, densas columnas de humo negro se elevaron tras las explosiones. Testigos relataron incendios de gran magnitud y detonaciones secundarias en un depósito de municiones alcanzado por las bombas. El portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, confirmó víctimas civiles aunque sin ofrecer cifras detalladas. Las autoridades paquistaníes, por su parte, afirmaron haber abatido a cientos de combatientes y funcionarios talibanes, mientras que Kabul aseguró haber causado decenas de bajas entre soldados paquistaníes. Ninguno de los números pudo ser verificado de manera independiente.

La frontera entre ambos países, de unos 2.600 kilómetros, ha sido históricamente un foco de fricción. Tras el regreso de los talibanes al poder en 2021, Islamabad esperaba una mayor cooperación contra el extremismo, pero la violencia vinculada al TTP aumentó dentro de Pakistán. En octubre pasado ya se habían producido enfrentamientos que dejaron decenas de muertos hasta que la mediación de Turquía, Qatar y Arabia Saudita logró frenar la escalada.


Fuerzas paquistaníes reforzaron posiciones en el noroeste del país tras los ataques cruzados.

Esta vez, sin embargo, el tono es más grave. El ministro de Defensa paquistaní afirmó que la paciencia de su país “se ha desbordado”, mientras que el Ministerio de Relaciones Exteriores advirtió que cualquier nueva provocación recibirá una respuesta decisiva. Pakistán, potencia nuclear con una capacidad militar muy superior, enfrenta a un régimen talibán con amplia experiencia en guerra de guerrillas tras décadas de combate contra fuerzas extranjeras.

En paralelo, los talibanes enviaron señales de apertura al diálogo. Mujahid aseguró que el Emirato Islámico siempre ha preferido resolver disputas mediante conversaciones y que sus líderes están dispuestos a negociar. El canciller afgano mantuvo contactos con Qatar, país que ya actuó como mediador en crisis anteriores.


Zabihullah Mujahid, portavoz del gobierno talibán, confirmó víctimas civiles tras los bombardeos y afirmó que Kabul está dispuesto a dialogar.

La comunidad internacional expresó preocupación. Naciones Unidas pidió un cese inmediato de hostilidades y advirtió sobre el impacto humanitario en un país donde casi la mitad de la población necesita asistencia. Estados Unidos manifestó su respaldo al derecho de Pakistán a defenderse frente a ataques terroristas, mientras que la Unión Europea instó a desescalar y a impedir que el territorio afgano sea utilizado para amenazar a terceros.

Con acusaciones cruzadas, cifras contradictorias y una frontera históricamente volátil, la región enfrenta el riesgo de un conflicto prolongado que podría alterar el frágil equilibrio de seguridad en Asia Central.